NO SIN EVIDENCIA, EVIDENTEMENTE ¿O NO? (Alberto Melendez)

Posted on Actualizado enn

En semanas pasadas circuló por la red un manifiesto y unas opiniones en contra de la regulación de los productos homeopáticos por parte del Ministerio de Sanidad. El argumento es claro; no se puede regular del mismo modo un producto al que no se le exige ninguna “prueba” de su funcionamiento de la misma forma que otro al que se le piden pruebas de todo tipo (habría que matizar, pero enfin…). Todo muy reivindicativo, muy racional, muy claro. Sin embargo, estando de acuerdo en lo básico, algo hay en todo esto que me altera un poco. ¿De verdad que lo que hacemos los médicos tradicionales está avalado por la evidencia? ¿Siempre? ¿Todo? ¿De verdad que la homeopatía no funciona? ¿Nunca? ¿En nada?

Decir que se trata de un efecto placebo a mi juicio no lo descarta como algo “usable”. ¿Serías capaz de saber cuánto de lo que haces de cara a un paciente no lleva ese efecto implícito? ¿Renunciarías a él?

Quizá debamos aprender con esto. Quizá debamos interiorizar que tampoco nosotros (los “alopáticos”) sabemos tanto. Que hay cosas que se nos escapan, que hay formastan poderosas como algunos fondos. Que ganar la confianza puede ser tan importante como conocer la patogenia de un mal. Y ellos, los “alternativos”, que aprovecharse de la fragilidad de un enfermo es terrible, que desprestigiar a otro no es un buen método de ganar confianza. Que el método científico asegura aspectos tan importantes como la reproductibilidad y la seguridad de un tratamiento. Y ambos que la honestidad debe presidir lo que hacemos. Y el enfermo será el que salga beneficiado. Porque se trata de eso. ¿O no?

Imagen

MI DERECHO A VACACIONES (Alberto Melendez)

Posted on Actualizado enn

Ser médico de familia no es fácil. Nadie ha dicho nunca que lo sea. Y las vacaciones, el descanso, son importantes para coger aire y fuerza suficiente para atender a personas.

-. Buenos días María. Mira, somos del equipo de soporte de paliativos. Nos dicen del hospital que tu padre está mal y que queréis estar en casa. Como te han contado, nosotros apoyamos a los equipos de cabecera para esto tan importante; así que como vienen fechas muy especiales nos vamos a poner en contacto con ellos para coordinarnos.
-. Gracias. Nos agobia sobretodo cómo nos arreglaremos en casa. Esperamos a lo que nos digáis…

-. ¿Centro de Salud XX? Soy del equipo de soporte. ¿Podría hablar con la Dra. Cual?
-. No, no está. Vuelve el día 7.
-. ¿Y su sustituto?
-. No hay. Hay dos para todo el centro y se van alternando las citas.
-. ¿Y su enfermera?
-. No tiene enfermera. Si es para extracciones, una. Si es para curas, esta semana hay una nueva. Si es domicilio, tenemos una rueda.
-. ¿Y si es un enfermo en fase final de vida?
-. Que ponga un aviso si está mal y “alguien” irá…

Las vacaciones son importantes. Pero la responsabilidad que adquirimos cuando aceptamos ser el “médico de cabecera” de un grupo de ciudadanos debería hacernos replantear el tipo de organización que estamos creando. O si no renunciar a atender estos casos donde la enfermedad no se coge vacaciones, donde la continuidad de nuestra presencia tiene un valor infinitamente superior a su precio. Pero luego no nos quejemos de que nos estamos quedando sólo para lo burocrático o que el hospital está invadiendo nuestro terreno. Y sigamos “de vacaciones”…

Vacaciones vs Responsabilidad

DISTANCIAS Y MEDIDAS (Maxi Gutiérrez)

Posted on Actualizado enn

images

Conscientes de la importancia de la medida justa, medimos sin parar. Medimos lo que hacemos, lo que decimos, lo que encajamos y a veces medimos hasta lo que pensamos. Tengo la impresión de no ser preciso en mis medidas, de pasarme por exceso o por defecto y terminar pensando que el resultado no ha sido el correcto por un error de medida en la distancia oportuna.

Algo parecido pasa en la consulta.

En la acogida se marcan unas distancias a veces muy condicionadas por factores externos y materiales. La mesa y el ordenador, la consulta anterior y los minutos de retraso, la prisas o las interrupciones son algunas de las primeras barreras. A veces utilizadas como inevitables y otras como excusas perfectas.

La anamnesis, las preguntas y el diálogo, verbal y no verbal, establecen un juego donde pactamos una distancia razonable para entendernos. Un juego donde uno empuja y el otro contiene, donde uno tira y el otro se resiste.

Y la exploración física que muchas veces implica acercamiento, visualización, palpación y audición cambia el juego de las distancias. Nada igual si el que lo recibe se deja o se resiste y tampoco nada igual si el que practica respeta o invade.

Pocas cosas tan difíciles como ésta: conseguir en la consulta una distancia ajustada, medida, suficiente y necesaria. Consciente de que la distancia no la pone uno sólo, que es cosa de dos o de más cuando en la relación intervienen familiares y acompañantes, ansío ser hábil para que el paciente sienta la posibilidad de acercarse y ser respetuoso para asumir que hay un distancia que no debo superar. No es sólo cosa mía pero, me siento responsable de mi parte.

Todo esto se complica por no ser un puro encuentro de relación social. Aquí entra en juego la relación de ayuda, el encuentro en el que el otro se siente sanado, aliviado o acompañado. Esta relación sólo se producirá si se establece una correcta distancia terapéutica. Una distancia sobre la que nadie puede hacer protocolos o predicciones porque la variabilidad es inmensa. Me sorprende tanto cuando escucho que profesional y paciente lloran juntos una pérdida como cuando un sanitario no se encuentra conmovido por las duras situaciones que se ponen sobre la mesa. Hacer juicios sobre ambas es tan inevitable como injusto. La distancia terapéutica hay que marcarla en cada encuentro y con cada persona.

De la misma manera que esa distancia permite la relación de ayuda también facilita la protección del profesional que pone de sí lo necesario pero, sólo lo suficiente para salvarse de tantos sufrimientos que deambulan por la consulta.

manos-entrelazadas-e1305887193291

Cuando esa distancia mágica se ajusta a lo terapéutico entonces se produce el milagro y la satisfacción de sanar respetando espacios. Este tema de las medidas y las distancias es así de gratificante y así de complicado.