Docencia

¿DÓNDE PERDIMOS LA HUMANIDAD DEL PRIMER ENCUENTRO? (Maxi Gutiérrez)

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La llegada de un estudiante de medicina a la consulta me produce novedad y misterio. Todo me resulta interesante: observarle, compartir, conversar y pedir impresiones. Me gustan que los estudiantes reflexionen y escriban. Iker escribió esto en su primera semana: 

¿Cuál ha sido mi valoración de la semana en Atención Primaria? Es una pregunta que personalmente no me resulta difícil de contestar; muy buena. Para algunos esto puede sonar “pelota” pero de verdad que no lo es y a continuación van las razones. 
En primer lugar; el recibimiento que tuve por parte no solo de mi tutor sino de todo el personal que compone el centro de atención primaria fue increíble. Aunque para la mayoría de las personas el presentarse y presentarnos sea algo cotidiano y de pura educación, no todo el mundo lo hace. Y hablo desde mi humilde experiencia de 3 años de practicas hospitalarias que aunque parezca triste, el mero hecho de que nos saludaran o nos preguntaran como nos llamábamos hacia de esa rotación una de las mejores.  
Segundo, el hacernos participes de la consulta, presentarnos a los pacientes,…”

Mi reflexión fue inmediata: la calidad del encuentro siempre esta marcada por los primeros momentos, por el primer contacto visual, por el primer acercamiento. Nos gusta presentarnos y que nos presenten. Es signo de acogida, de respeto inicial, de humanidad básica. Algo como dice Iker, cotidiano y de pura educación. Pero, lo triste es que no todo el mundo lo hace.

Y detrás de esto la pregunta: ¿por qué un estudiante de medicina se siente reconfortado con la simple presentación y el saludo?. Sencillo. Porque cuando me reconocen y cuando se hacen conscientes de que estoy ahí siento que me valoran, que me tienen en cuenta y que me hago uno más. La presentación es el vínculo, la acogida, el permiso para formar parte de un grupo, de un lugar, de una tarea.

Y esto que parece tan humano ¿dónde lo perdimos los médicos? ¿por qué resulta tan extraño que los sanitarios nos presentemos?¿quién nos enseño a despreciarlo? ¿por qué no estrechar la mano de un compañero con el que voy a compartir una jornada de trabajo? ¿tanto cuesta? ¿una vez más la rutina y las prisas como la excusa perfecta?.

Y eso nos lo brinda Iker desde una humilde experiencia de 3 años. 3 años invisible a los ojos de muchos ilustres doctores, permitidme el sarcasmo, que perdieron la capacidad de integrar a alguien que empieza.

Hace poco alguien decía que no hay que humanizar la práctica médica porque no hay práctica médica sin humanidad. La medicina sin humanidad ni es medicina ni es nada… Y tiene razón pero, algo no funciona cuando Iker se queda sorprendido porque en un centro de salud se le presenta y se le acoge.

¿Tanto cuesta estrechar una mano, compartir un gesto o decir una palabra de bienvenida?. Va a ser que muchos profesionales de este sistema sanitario están sedientos o quizás, deshidratados de humanidad.

Y con los pacientes pasa algo parecido. Muchos de los que vienen por primera vez a mi consulta, dicen buenos días y en cuanto toman asiento parece como si les activaran el gatillo y disparan a diestro y siniestro sus síntomas apresuradamente. Suelo pedir una tregua, hacer un gesto y decir “creo que no nos conocemos, mi nombre es…” y lanzo mi mano a su encuentro para entablar un mínimo de contacto que nos permita seguir hablando en un plano razonablemente humano. Ellos no esperaban una presentación porque pocas veces la tuvieron. ¿Cómo se puede poner sobre la mesa cuestiones de alto contenido emocional cuando ni siquiera nos hemos presentado y saludado?

Por tanto, sanitario o sanitaria ¿cuántas veces te presentas a tus pacientes? ¿cuántas veces te acercas al nuevo compañero para decirle tu nombre? ¿cuántas manos estrechas? ¿cuántos gestos de bienvenida compartes? ¿cuántas veces ofreces tu mirada acogedora al que te llega? y una pregunta de más nivel ¿cuántas veces miras a los ojos a tus pacientes y compañeros?. Parece sencillo y no lleva mucho tiempo aunque quizás nos exponga demasiado y al principio nos de un poco de miedo.

Pudieran ser estos unos buenos indicadores de calidad para el próximo Contrato de Gestión Clínica. No espero que sean propuestos por los gestores de lo sanitario. Son indicadores más de calidez que de calidad.

 

Después de estas reflexiones estimuladas por Iker, permitidme que me sugiera a mi mismo mirar a los ojos a mis compañeros y a mis pacientes al menos en el primer encuentro. Puede ser que quizás nunca más deje de hacerlo en los encuentros siguientes.

 

PD: Agradecimiento a lo mucho que nos enseñan nuestros residentes y estudiantes. A los más recientes: a Iker, a Asun, a Eleder, a Eduardo… ¡Siempre aprendiendo!

CONSULTAS “SAGRADAS” DESDE EL LADO DEL PACIENTE (Maxi Gutiérrez)

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Una vez leí que las personas se mueven en la vida por tres cosas: el amor, el hambre y la muerte.

Y me parece que tiene mucha razón. Nos mueve el amor y también el desamor, el recuerdo de lo que amamos y lo que deseando nunca fue; hay quien sólo se siente movido por el odio. En el hambre se escenifican las necesidades básicas mal cubiertas, la pobreza y la exclusión; la falta de lo fundamental. La muerte nos inquieta en su llegada pero, también en su deseo, en su miedo y en sus pérdidas dolorosas; los límites de la vida, su final y su inicio, generan grandes inquietudes.

De esto quiero escribir hoy, de las personas que vienen a la consulta a poner sobre la mesa cuestiones de alto valor emocional y a veces, lágrimas.

Me interesó cómo sería vivido eso como paciente y tuve el atrevimiento de preguntar a personas con las que creo haber tenido una “consulta sagrada”. Sobre cómo lo habían vivido, cómo lo evaluaban y cómo lo querían contar. Yo atrevido y ellos dispuestos. Me lo han relatado con sencillez y con sinceridad, desde la generosidad que produce el agradecimiento. Así he recogido sus enseñanzas y sus palabras textuales que van en cursiva.

Me he dado cuenta que las personas necesitan un síntoma orgánico, biológico o físico para poder venir a la consulta. Es lo que han aprendido que este sistema les pide como peaje. Lo que les hemos vendido, lo primero que preguntamos y deseamos: ¡¡¡el síntoma!!!. Quizás es lo que ellos mismos pueden permitirse para poder acudir. Porque venir con las miserias por delante es demasiado duro para ser aceptado. Necesitan el insomnio, el dolor o el mareo para poder reservar la cita.

Antes de llegar a la consulta hay mucha elaboración previa, mucha duda. Miedos y contextos que han sido muy rumiados. Porque hay cosas que no son fáciles de contar, porque no lo había contado antes, porque no hacía más que llorar o porque no sabía como iba a reaccionar mi médico. Por eso vienen protegidos -con la coraza– aunque saben que tienen que abrirse y buscan que nosotros se lo pongamos fácil.

Me han hecho consciente que la acogida es fundamental. Las personas buscan ser escuchadas, sentir confianza y notar que merecen nuestra atención. Sin burocracias ni juicios. Sentirse protegidas. Precisamente “lugar sagrado” también se define como sitio donde nada ni nadie puede dañarte. Y no todo tiene que ser dicho. Lo perciben con todos los sentidos: palabra, gesto, contacto y tono.

También reclaman su tiempo. El tiempo necesario. Sin prisas. Aún siendo muy conscientes de que es un bien escaso y limitado. Agradecen los espacios de silencio, cuando dice: callaba mientras yo lloraba. Tomemos nota y que parezca que el tiempo se para mientras gestionamos el tiempo que corre.

Sin prisas, las personas quieren vivir su propio proceso. Desean profesionales que se lo permitan. Quieren contar todo lo sucedido y sentido, compartir sentimientos -de soledad, de ideas autolíticas, de cosas inconfesables…-, sentirse comprendidos y aceptados sin juicios. Saben que esto no es trabajo de un día, quieren longitudinalidad. Y quieren recibir acogida incluso cuando saben que no han hecho bien. Sin broncas y con respeto.

Buscan un plan que puedan acordar y discutir con su profesional. Necesitan que les hagamos caer en la cuenta, necesitan compañía y consejo. A veces desean que tiremos de ellos y otras que respetemos su parálisis. En definitiva, esperan que hagamos arte. Ser ayudados para buscar apoyos aunque a veces sean tan cercanos y tan íntimos que teniéndolos al lado no se dan cuenta que existen: los psicoterapeutas de la vida diaria que me gusta llamarles. Y aceptan ser derivados a otros profesionales para encontrar la mejor ayuda posible. Eso supone aceptar nuestras propias limitaciones. Sabiendo que derivar no resta nada, sólo suma o multiplica cuando no es abandonarlo en el otro sino acompañarlo juntos.

Y quieren resultados que pueden ser sólo comprensión, alivio o liberación para vivir, hacer lo que quiero o salir del agujero. Necesitan tiempo para cambiar y recuperar lo fundamental: aprender lo importante de la vida. Si además, mi médico me llama cuando ve algo raro o siento que se preocupa por mí, eso deja en la relación una huella imborrable.

 

Y así lo han relatado:

 

Siempre me enseñan, me transforman, me modelan y hacen que mi práctica vaya cambiando. Ellos, los pacientes, y todos aquellos compañeros con los que comparto dudas e inquietudes (#siapBILBAO)

Por eso, quiero comprometerme a:

  • Seguir teniendo en cuenta la opinión de mis pacientes y mantener vivo el espíritu de aprender juntos.
  • Acercarme con el respeto debido para acompañar el proceso de cada uno, hasta dónde y cómo quiera.
  • Acoger y dedicar tiempo a aquellos que nunca consiguieron tener su consulta sagrada conmigo porque no se dieron las circunstancias o porque no se lo facilité.
  • Desarrollar herramientas para sistematizar y enseñar cómo facilitar la expresión de las emociones en el contexto de la consulta.
  • Explorar los espacios comunitarios como lugar privilegiado para gestionar las emociones donde la comunidad sane a sus propios miembros.
  • A seguir investigando y explorando estos terrenos de “lo sagrado”.

 

“No te acerques. Quítate las sandalias de los pies pues, el sitio que pisas es lugar sagrado” Éxodo 3,5

ENSEÑAR MEDICINA Y APRENDER VOCACION (Maxi Gutiérrez)

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Cuando conozco a alguien que estudia medicina siempre tengo la misma frase que decirle “ven a pasar consulta unos días conmigo”. Acercarme al mundo de las consultas, los pacientes, los profesionales y las exploraciones fue lo que anhelé desde el primer día que pisé la facultad. Quizás por eso pienso que le gustará el ofrecimiento.

No tengo grandes objetivos docentes. O quizás sí. Sólo que te acerques con respeto, observes y pienses sobre lo que sientes. Que te dejes empapar por los 40 o más motivos de consulta que escucharas, que te conmuevas y que pongas a prueba tu empatía. Que con la ciencia en la mano te visualices como “artista de la sanación”. Que vivas unos días al ritmo de un médico de familia… Ni más ni menos.

Ainara es tan joven como yo lo fui en tercer curso de carrera. Saluda amable cuando le presento a mis pacientes. Apenas se atreve a tender la mano. Sonríe como sólo ella sabe hacerlo porque la conozco desde que era niña y sé que su sonrisa enamora. Su presencia es tan discreta y tan respetuosa que apenas la oigo respirar a mi lado. Empieza el día nerviosa y me doy cuenta como la consulta la zarandea y la relaja a la vez.

cuadernos-de-bitacora-8-10-11-foto-2Sabe que al final del día, en la intimidad del hogar y después de haber digerido la experiencia de su primea jornada frente a pacientes, tendrá que enviarme la bitácora del día. Una reseña, como quiera y hasta dónde quiera, de cómo la consulta ha pasado por ella.

Esta técnica me la enseñó Raúl, maestro y amigo de la enseñanza apasionada de la medicina de cabecera.

Recibo su texto y me enamoro de su experiencia.

Ainara me ha dado permiso para que lo comparta con vosotras y vosotros. No he cambiado ni una coma porque me parece inmenso:

“18/01/2016. Día 1

Definiría la mañana de hoy como intensa. Ha sido la primera vez que he tenido la oportunidad de estar en consulta y he tenido tantas sensaciones nuevas que no sé ni por dónde empezar.

Me ha sorprendido la variedad de personas y casos que se han ido presentando a lo largo de la mañana, lo difícil que me resultaba imaginar el posible diagnóstico y lo “fácil” que parecía que te resultaba a ti…

Pero me gustaría hablarte de las similitudes que he visto en cuanto a lo que he aprendido estos 3 años. La verdad es que cuando estás entre libros o en aburridas clases teóricas muchas veces no eres consciente de lo importante que será todo lo que estás estudiando para tu futura profesión. Y hoy me he dado cuenta de que realmente es más útil de lo que creemos.

Quería comentarte 4 cosas de las que siempre me han hablado en clase y que hoy he visto en ti:

1- “En general, hay que pensar siempre en lo menos grave”. Ha sido una frase que me has dicho y con la que estoy totalmente de acuerdo. Tendemos a ponernos en lo peor y debemos ir paso a paso, descartando siempre lo más leve, ya que suele ser también lo más común. Punto importante que quiero tener siempre en mente.

2-Fijarse en lo físico pero también tener en cuenta lo psicológico. No esperaba encontrar a tantas personas completamente sanas físicamente pero con depresión. Muchas veces los médicos nos centramos solo en la primera parte, pero me ha encantado la forma en la que te has tomado tu tiempo para escuchar y aconsejar a tus pacientes.

3- Relacionado con lo anterior: cercanía, saber escuchar y hacerte entender. Me llama la atención el paciente que va a hacerse un análisis de sangre en lo que él cree que es ayunas pero habiendo tomado un zumo de piña, las confusiones con los tratamientos, el abuso de ansiolíticos sin ser conscientes del peligro…y no me refiero solo a las personas mayores que son los que podrían tener más problemas de comprensión. Me refiero a todos, en general. Es increíble lo desinformados que estamos y la necesidad que tenemos de que un médico, con mucha paciencia, nos explique de una forma clara y sin tecnicismos qué nos pasa, qué debemos hacer y cómo debemos hacerlo.

4-Todo se va aprendiendo con la práctica. Lo poco que sé y lo mucho que me queda por aprender.”

osakidetza-300x199Primer día de lo que auguro serán muchas jornadas de una gran profesional. Porque si en un día es capaz de aprender esto, su crecimiento será infinito.

Ojalá que algún día la Universidad entienda la importancia de que los estudiantes pasen por las consultas de medicina de familia de forma reglada y desde muy pronto. A mi entender, se trata de aprender vocación cuando enseñamos medicina.