Condicionantes sociales

EL VIAJE A LA COMUNIDAD (Maxi Gutiérrez)

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Dicen todos los manuales que la Atención Primaria necesita estar conectada con su medio social. Sin embargo, todos tenemos la impresión que con el tiempo hemos ido traicionando a nuestros ancestros y perdido la mirada que un día nos pusieron en el apellido: medicina de familia Y COMUNITARIA.

Hemos reducido la mirada comunitaria a hacer un par de grupos al año de personas que quieren dejar de fumar. Ni tan mal, porque hay memorias de calidad que en el proceso de intervención comunitaria desgranan los grupos de preparación al parto como la acción más novedosa al respecto. Perdonad que sonría. No hay mujer en este país (y unos pocos hombres) que no haya pasado por esa experiencia durante un embarazo que se haya producido en los últimos 30 años. Bendita experiencia pero de novedosa, poco.

Reducimos lo comunitario a la enfermedad o al riesgo de enfermar como si no hubiera marco más allá.

Y hablamos de intervención, de intervención comunitaria como si la comunidad solo fuera objeto de nuestra intervención en un alarde de sanitario-centrismo-salvador-de-la-comunidad.

Probablemente han pasado los tiempos de los “Consejos de salud” aquellos con los que llenamos páginas (y leyes) para establecer cauces estables de participación. Aunque conozco algunas experiencias de su pervivencia, esta es la era de las pertenencias líquidas en que lo asociativo y la representación sectorial se fueron con aquellos pantalones de campana que nos vestían nuestros padres.

Vivimos momentos en que las redes sociales existen pero, las formas en que se entretejen tienen otros colores, otra trama, otra urdimbre. Redes que no pasan por juntar a un puñado de lideres sociales alrededor de una mesa para diseñar planes. No digo que no fueran útiles, no. Digo que las conexiones sociales son inherentes al ser humano pero, sus formas han cambiado de recipiente mientras nosotros seguimos empeñados en meterlo todo en la caja del ColaCao

Creo que la idea de lo comunitario pasa por acercarse al otro, atreverse a decirle una palabra, mirarlo de arriba abajo, interesarse y abrirse a su mensaje. Dejar que se produzca el idilio y enamorarse para aprender y recorrer un camino juntos. Demasiado bonito para ser verdad. Claro, el proceso supone dejar mis verdades, no mirarme al ombligo y hacer un ejercicio de confianza para experimentar que la riqueza está en la mixtura.

Y así surgen alianzas con la asociación de vecinos del barrio. Que me dicen que no hace falta reunirse mucho ni hacer informes. Que quieren actuar sobre las necesidades y los problemas de los vecinos. Y cuando te fías de su análisis y lanzas un taller para cuidadores de niños se te apuntan tantos que cuesta dar abasto a la demanda. Así se producen las cosas, en la confianza.

No hace falta reunirse para que te escuchen, no. Una página web vecinal puede ser un buen altavoz para proponer una sencilla y correcta información de salud. Sólo hace falta escuchar demandas y proponer ciencia eso si, utilizando un lenguaje para todos los públicos.

img_0849Por otra parte, la educación y la atención primaria de salud se parecen tanto que cuando se descubren ya siempre quieren caminar de la mano. Cuando niñas y niños del barrio vienen a conocer el centro y a los que trabajamos en él nos valoran más. Sólo se valora lo que se conoce y sólo se conoce lo que se abre y se presenta.

img_0961Es una alegría encontrar el centro de salud lleno de pequeños que con apenas 8 años vienen a vivir una experiencia que hemos llamado “Ume sorosleak” (Niños y niñas socorristas). Tumbados en el suelo, con sus chalecos y con un poco de imaginación experimentan cómo actuar ante situaciones de urgencia sencillas. Una actividad que genera satisfacción en los profesionales sanitarios y educadores.

También es comunitario hacerse la pregunta de ¿Cómo nos presentamos ante las personas que atendemos en el centro de salud? ¿Qué imagen queremos trasmitir?. Y así montamos un lío de narices (7) para ofrecernos en un vinilo bien grande a la puerta del centro sonrientes, amables, atrevidos y cercanos para ofrecer una atención primaria con calidad y calidez.

No queda la cosa ahí. Nos atrevimos a pedir a los pacientes que entren y se sumen al juego de las narices (8) para establecer compromisos de ayuda por la salud. Y lo han hecho, sin dudarlo.

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En definitiva, que en este tiempo lo comunitario no son sólo los grupos. Que hay que arriesgar, salir de lo conocido y explorar para equivocarse mientras se emprende un viaje apasionante como el Viaje a Ítaca

 

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca 

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias…

Que muchas sean las mañanas de verano 

en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 

a puertos nunca vistos antes…

Ten siempre a Ítaca en tu mente. 

Llegar allí es tu destino. 

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años 

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin esperar a que Ítaca te enriquezca”

C.P.Cavafis

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DÍA INTERNACIONAL DE LOS CUIDADOS PALIATIVOS. AQUÍ Y ALLÁ. (Alberto Meléndez)

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El próximo día 8 de octubre se celebra el Día Internacional de los Cuidados Paliativos. El lema de este año reivindica el acceso al tratamiento del dolor para todo el mundo (“Vivir y morir con dolor, algo que no debería suceder”).

No debería suceder. No en nuestro entorno más cercano. No en nuestro país. No en Europa. No en ninguna parte del mundo. Pero sucede. Aquí y allá.

Allá, por unos sistemas sanitarios empobrecidos, donde el acceso a los medicamentos es errático, donde la salud es un negocio de unos pocos, donde el tráfico y el abuso de sustancias impiden (o sirven de excusa) la comercialización normalizada de ciertos medicamentos esenciales.
Allá, por unos gobiernos manejados desde afuera (desde “aquí”), donde lo esencial en todos los aspectos de la vida está lejos de ser cotidiano.
Allá, en lugares donde la vida de un enfermo no vale nada, donde los esfuerzos han de dirigirse sólo a donde haya posibilidad de curar…
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Y aquí.
Sí, aquí. En pleno siglo XXI en esta sociedad de confort, de los grandes avances. Aquí. Aún se vive con dolor y se muere con dolor.
Con exceso de fármacos y déficits de sonrisas. Con mucho hospital y poca hospitalidad. Con muchos fonendos y pocas manos. Con muchas palabras y pocas verdades.
Aquí todavía los cuidados paliativos no son garantizados por un sistema sanitario que presume de puntero. Aquí se sigue distinguiendo entre lo “social” y lo “sanitario”, como si la persona sufriera por parcelas y la atención pudiera fraccionarse y ser “buena”. Se confunde dignidad con rapidez, sufrimiento con estorbo, calidad con registro, valor con precio,…
Pero aquí seguimos unos cuantos. Cada vez más. Peleando para hacer visible otra forma de atención. Para sacar a la luz el verdadero alivio de cientos y cientos de personas, cada día. En centros de salud, en hospitales, en residencias, en domicilios… Mostrando y demostrando que “cuando curar no es posible, siempre es posible cuidar”. Afrontando el dolor desde todas sus facetas, sin ignorar ninguna. Para apartar del proceso de final de vida todo aquello que lo hace innecesariamente doloroso; la soledad, el aislamiento, el engaño… Y además, algunos de nosotros mirando hacia “allá” con cariño y respeto. Intentando que lo que aquí sobra llegue a los que allá necesitan.
Es necesario recordar esto, aunque sea un día al año, aunque suene a lo mismo de siempre. Es necesario.
Para aquí y para allá.
Día internacional de los Cuidados Paliativos.
8 de octubre de 2016

CONSULTAS “SAGRADAS” DESDE EL LADO DEL PACIENTE (Maxi Gutiérrez)

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Una vez leí que las personas se mueven en la vida por tres cosas: el amor, el hambre y la muerte.

Y me parece que tiene mucha razón. Nos mueve el amor y también el desamor, el recuerdo de lo que amamos y lo que deseando nunca fue; hay quien sólo se siente movido por el odio. En el hambre se escenifican las necesidades básicas mal cubiertas, la pobreza y la exclusión; la falta de lo fundamental. La muerte nos inquieta en su llegada pero, también en su deseo, en su miedo y en sus pérdidas dolorosas; los límites de la vida, su final y su inicio, generan grandes inquietudes.

De esto quiero escribir hoy, de las personas que vienen a la consulta a poner sobre la mesa cuestiones de alto valor emocional y a veces, lágrimas.

Me interesó cómo sería vivido eso como paciente y tuve el atrevimiento de preguntar a personas con las que creo haber tenido una “consulta sagrada”. Sobre cómo lo habían vivido, cómo lo evaluaban y cómo lo querían contar. Yo atrevido y ellos dispuestos. Me lo han relatado con sencillez y con sinceridad, desde la generosidad que produce el agradecimiento. Así he recogido sus enseñanzas y sus palabras textuales que van en cursiva.

Me he dado cuenta que las personas necesitan un síntoma orgánico, biológico o físico para poder venir a la consulta. Es lo que han aprendido que este sistema les pide como peaje. Lo que les hemos vendido, lo primero que preguntamos y deseamos: ¡¡¡el síntoma!!!. Quizás es lo que ellos mismos pueden permitirse para poder acudir. Porque venir con las miserias por delante es demasiado duro para ser aceptado. Necesitan el insomnio, el dolor o el mareo para poder reservar la cita.

Antes de llegar a la consulta hay mucha elaboración previa, mucha duda. Miedos y contextos que han sido muy rumiados. Porque hay cosas que no son fáciles de contar, porque no lo había contado antes, porque no hacía más que llorar o porque no sabía como iba a reaccionar mi médico. Por eso vienen protegidos -con la coraza– aunque saben que tienen que abrirse y buscan que nosotros se lo pongamos fácil.

Me han hecho consciente que la acogida es fundamental. Las personas buscan ser escuchadas, sentir confianza y notar que merecen nuestra atención. Sin burocracias ni juicios. Sentirse protegidas. Precisamente “lugar sagrado” también se define como sitio donde nada ni nadie puede dañarte. Y no todo tiene que ser dicho. Lo perciben con todos los sentidos: palabra, gesto, contacto y tono.

También reclaman su tiempo. El tiempo necesario. Sin prisas. Aún siendo muy conscientes de que es un bien escaso y limitado. Agradecen los espacios de silencio, cuando dice: callaba mientras yo lloraba. Tomemos nota y que parezca que el tiempo se para mientras gestionamos el tiempo que corre.

Sin prisas, las personas quieren vivir su propio proceso. Desean profesionales que se lo permitan. Quieren contar todo lo sucedido y sentido, compartir sentimientos -de soledad, de ideas autolíticas, de cosas inconfesables…-, sentirse comprendidos y aceptados sin juicios. Saben que esto no es trabajo de un día, quieren longitudinalidad. Y quieren recibir acogida incluso cuando saben que no han hecho bien. Sin broncas y con respeto.

Buscan un plan que puedan acordar y discutir con su profesional. Necesitan que les hagamos caer en la cuenta, necesitan compañía y consejo. A veces desean que tiremos de ellos y otras que respetemos su parálisis. En definitiva, esperan que hagamos arte. Ser ayudados para buscar apoyos aunque a veces sean tan cercanos y tan íntimos que teniéndolos al lado no se dan cuenta que existen: los psicoterapeutas de la vida diaria que me gusta llamarles. Y aceptan ser derivados a otros profesionales para encontrar la mejor ayuda posible. Eso supone aceptar nuestras propias limitaciones. Sabiendo que derivar no resta nada, sólo suma o multiplica cuando no es abandonarlo en el otro sino acompañarlo juntos.

Y quieren resultados que pueden ser sólo comprensión, alivio o liberación para vivir, hacer lo que quiero o salir del agujero. Necesitan tiempo para cambiar y recuperar lo fundamental: aprender lo importante de la vida. Si además, mi médico me llama cuando ve algo raro o siento que se preocupa por mí, eso deja en la relación una huella imborrable.

 

Y así lo han relatado:

 

Siempre me enseñan, me transforman, me modelan y hacen que mi práctica vaya cambiando. Ellos, los pacientes, y todos aquellos compañeros con los que comparto dudas e inquietudes (#siapBILBAO)

Por eso, quiero comprometerme a:

  • Seguir teniendo en cuenta la opinión de mis pacientes y mantener vivo el espíritu de aprender juntos.
  • Acercarme con el respeto debido para acompañar el proceso de cada uno, hasta dónde y cómo quiera.
  • Acoger y dedicar tiempo a aquellos que nunca consiguieron tener su consulta sagrada conmigo porque no se dieron las circunstancias o porque no se lo facilité.
  • Desarrollar herramientas para sistematizar y enseñar cómo facilitar la expresión de las emociones en el contexto de la consulta.
  • Explorar los espacios comunitarios como lugar privilegiado para gestionar las emociones donde la comunidad sane a sus propios miembros.
  • A seguir investigando y explorando estos terrenos de “lo sagrado”.

 

“No te acerques. Quítate las sandalias de los pies pues, el sitio que pisas es lugar sagrado” Éxodo 3,5

CONSULTAS “SAGRADAS” DESDE EL LADO DEL PROFESIONAL (Maxi Gutiérrez)

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Así entro yo cada mañana a mi consulta: todavía dormido -la noche me atrapa en estudio y reflexión noctámbula- pero, generalmente contento porque camino abierto a la sorpresa del encuentro. Y porque tengo la sensación de que cada día la consulta me enseña algo. Algo para la vida.

No tengo que subir escalones para llegar a la sala 10. Mi consulta esta “a pie de calle”, donde se filtra la vida sin pedir permiso. Allí se cuelan las preocupaciones, los desvelos, las alegrías y las desgracias. Sanitarias o no. En definitiva, las cosas importantes de la vida.

Así puedo retomar el término que inició Juan Gervas: LAS CONSULTAS SAGRADAS

IMG_4483Según dice Wikipedia, lo sagrado es “lo que atañe a lo fundamental”, “a los principios que fundan algo”, “a lo que se tiene mucho aprecio”.

Cambio mi atuendo y cambio mis zapatos quizás por comodidad, no sé. Ahora pienso que igual tiene que ver con que el lugar que piso es el “lugar cotidiano de lo sagrado a pie de calle”.

 

 

 

Todo depende del contexto.

Cuando alguna vez me ocurre que en las tres primeras consultas del día se producen tres enfrentamientos, paro, miro alrededor y pienso “va a ser que algo me pasa y quizás ellos no tienen nada que ver”. Y a veces lo encuentro. Son mis circunstancias personales que van conmigo a todas partes, aquellas de los que no puedo apearme.

El contexto de la prisa me mata. No puedo soportar cuando la sala de espera esta llena de personas con ocupaciones y tareas que aguantan pacientemente su turno. Y me debato entre el respeto que les debo y el necesario tiempo de atención que necesita cada uno. A veces, consigo recomponerme, centrarme en lo importante y buscar tiempo donde no existía. Otro arte.

Pretendo hacer una intervención justa dando más al que más necesita. Volcarme en el más discapacitado, en el más desvalido, en el más sufriente. Y a veces no es fácil saber quién es “el más” o ni siquiera quién es el sufriente y su grado de sufrimiento.

Los relatos vitales de las personas y sus consultas me conmueven. Me conmueven sobremanera. Puede ser por la forma en la que lo cuentan, por la empatía que me producen o por el desgarro que experimentan. Me alegro que me conmuevan, siempre digo que me hace sentir que estoy vivo porque estar vivo muchas veces es eso, sufrir con el otro.

Entonces vienen a mí todas las cuestiones aprendidas: lo que se espera de mí como profesional, como persona y específicamente como hombre. Abandero la distancia terapéutica como imprescindible para ser médico y absorbo las lágrimas de mis párpados inferiores para que ninguna de ellas salga por otros caminos visibles.

A veces no puedo y sé que, aunque lo disimulo, ellos ya se han dado cuenta de mi emoción contenida.

Aquí me descubro como “hombre-varón-masculino” en tránsito. En un largo proceso vivido en grupo he descubierto como el hecho de serlo marca mis emociones y sobre todo, la expresión de las mismas. Tímidamente voy avanzando en el camino de la capacitación emocional que un día me robaron. Así me descubro más humano y más persona.

Intento evitar la dependencia, el enganche profesional que impide a las personas volar por sí mismas. A medida que avanza el proceso busco fórmulas que me permitan distanciar las consultas y pasar a segundo plano. Por supuesto, dejando la puerta abierta a lo que hiciera falta. Retirarme es una buena evaluación de si el proceso ha sido reconstituyente.

Mirar y compartir con tantos compañeros y compañeras que se dejan la piel cada día en esto. Que dan tanto de sí mismos, restando a veces a su familia y a su vida personal… Y eso también me parece sagrado.

Por otra parte, ¡cuánto nos focalizamos en los que son los contrario!, ¡cuánto nos distorsionan y envenenan! Haré el propósito de poner en valor más a los primeros que a los segundos y seguiré viviendo con pasión mi profesión.

 

Después de haber reflexionado y compartido durante meses sobre las consultas sagradas en torno al #siapBILBAO quiero comprometerme a:

  • Saber recoger las necesidades de las personas que vienen a mi consulta, facilitar la expresión de sus emociones y saber esperar.
  • Aprender a manejar el arte de establecer una distancia empáticamente terapeútica
  • Gestionar el tiempo y los recursos para ofrecer lo mejor de mi mismo
  • Enseñar a los estudiantes y residentes lo sagrado de nuestra profesión
  • Facilitar espacios entre profesionales para hacer un ejercicio de introspección y diálogo que nos ayude a crecer en cuidar “lo sagrado” de nuestro trabajo.IMG_3806

LA CONSULTA EN LA MAÑANA DE NOCHEBUENA (Maxi Gutiérrez)

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Es una mañana rara. Parece que sea yo el único que trabaja en esta ciudad. Aún las farolas iluminan la madrugada fría. Y las calles sin el tráfico habitual, se tornan más amables pero, mucho menos entretenidas. Echo de menos a mis congéneres.

IMG_3096Mi consulta sigue como siempre. No tengo ningún detalle que anuncie el tiempo presente. Sin embargo sus fotos enmarcadas, sus plantas y sus pañuelos de papel se disponen a hacer un espacio de calidad y calidez en esta mañana de Nochebuena. Parecieran querer acompasarse con tantos deseos de felicidad que estos días se lanzan, un tanto forzados por el obligado cumplimiento de una fecha.

Y así se abre la puerta. Entran la enfermedad, las preocupaciones y las burocracias. El catarro propio de la época invernal con sus incipientes síntomas que llevan a consultar “porque como vienen estos días de fiesta”… ya se sabe que nadie quiere encontrarse mal y busca la clave milagrosa para poder estar a la altura de la fiesta.

Y así va pasando la mañana. “A pasar buena noche”…“Feliz Navidad” …“Que lo pases bien”… Esa es la música de fondo.

IMG_3218 (1)Hasta que entra Juan Luis. Tan desgarbado como siempre y con tantos kilos de más como años aparenta sin tenerlos. Hoy viene más repeinado y algo más limpio que de costumbre. Saca varios papeles de poca importancia. Comenta síntomas deslavazados sin mucho interés para que terminemos repasando su medicación antidepresiva y ansiolítica. Su cara cambia cuando le pregunto por Ana y ahora sí que cuenta con detalle sus mínimos avances: una pequeña sonrisa, un minuto de coherencia y un paseo por el recinto psiquiátrico. Allí vive Ana desde hace meses.

Juan Luis estuvo un tiempo sin venir a la consulta porque se le acabaron las fuerzas, se ahogó en alcohol y pensó que lo mejor era terminar con todo. Aquello pasó y hoy se encuentra mejor y es capaz de sonreír mientras me cuenta sus artes culinarias para hacer esta noche unas albóndigas rellenas que no compartirá con nadie.

Sonríe porque hace unos días pasó un tribunal médico donde se sintió que le escuchaban y ayer se encontró con la jefa del psiquiátrico y le llamó por su nombre. Y hoy me agradece lo que hago por él.

Y así se despide, sonriendo y agradeciendo. Quizás sólo ha venido a eso, a sonreírme y a agradecerme.

Pañuelos que detienen el tiempo
Pañuelos que detienen el tiempo

 

Después entra Daniel para ver el resultado de la espirometría. Confirmamos que su asma no está bien controlada, que hay que poner más medicación y que debe ser más constante en aplicarse los inhaladores. La conversación nos lleva al tabaco (¡cómo no!) aunque, lo hago sin acritud ni excesiva presión porque ya lo hemos abordado más veces. Y sin querer justificarse, sabiéndose culpable, Daniel empieza a comentar las preocupaciones de la vida. Su reciente separación, lo injusto de las leyes, lo tortuoso de la relación con su ex pareja y las negociaciones infructuosas que se mitigan con una calada tras otra que le alivia tanto como le ahoga.

Pero, de nuevo aparece la sonrisa cuando me habla de su hija de dos años. Todavía mantiene la esperanza de poder pasar unos días en Navidad con ella. Y de lo feliz que es con ella y de cómo la quiere.

Así pasamos de la espirometría al amor sabiendo que el tabaco será un objetivo posible “cuando pasen estos días” o… más adelante, quién sabe. Daniel se siente agradecido, lo demuestra su sonrisa pero, no se atreve a decirlo… y se despide esperanzado.

 

Con Daniel se cierra la puerta de la consulta y pienso que una vez más, la vida se ha colado dentro sin pedir permiso. Y así me gusta que sea porque es signo de que estoy a pie de calle, pisando suelo en medio de lo sagrado de la vida.

Y vienen mis compañeros y les propongo compartir un vino y un rato de charla. Y sonreímos juntos en esta mañana de Nochebuena.

CREO EN LOS MILAGROS. LOS HE VISTO. (Alberto Meléndez)

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Julián no es de aquí. Vino hace unos 15 años con Jazmín, su esposa. Dejaron atrás una historia de la que no quieren hablar en un país destrozado por la violencia de unos y otros. Fruto de esa violencia Julián quedó parapléjico. Una bala segó su médula. No habla de ello. Ha pasado demasiado tiempo, y sucedió demasiado lejos.

La paraplejia le postró a una silla. La silla le condujo a la guitarra. Y con guitarra y silla encontró su iglesia, una iglesia cristiana de nombre muy largo donde las canciones (guitarras, teclados, baterías…) tienen un lugar principal en el culto. En esa iglesia estaba Jazmín. Ahora su esposa Jazmín, Rosa, la hija de esta de un anterior matrimonio, su guitarra, sus amigos, su Iglesia… forman un trozo de su tropical país en la fría Vitoria.

Pero su mala suerte no quedó allá. Primero una úlcera, luego una escara. Sobre la escara, un cáncer. Amputación. Dolor. Recidiva. Reintervención. Quimioterapia. Nueva recidiva. Metástasis pulmonares. Ya no hay dolor. Al menos ya no hay dolor…

Jazmín nos abre la puerta con una gran sonrisa. Su hablar cantarín anuncia a Julián que ya hemos llegado. A su médico de cabecera y a su enfermera ya les conocían. Son ellos los que nos han pedido que les echemos una mano. Julián está en la cama. Tras la amputación ya no le es posible mantenerse erguido en la silla. En la cama duerme, come, vive… Una guitarra yace a su lado, junto a una Biblia de hojas amarillentas y bordes dorados. Lleva días con fiebre. Las sábanas empapadas en sudor son prueba de ello. Y al retirarlas se descubre. El cáncer y la infección van devorando el costado de Julián que parece un amasijo de carne putrefacta. No hay dolor. Ni siquiera al ir despegando las gasas que apenas cubren un tercio de la úlcera, Julián manifiesta dolor. Las gasas las ha colocado una de las amigas del culto. Gasas impregnadas en vinagre. Porque así se hace en su tierra. En la mesilla, doblada, está la receta (verde) del antibiótico que casi una semana atrás le recetó su médica de cabecera. Dijo que lo comprarían. No han podido.

Mientras las enfermeras se afanan en curar la úlcera (curar, cuidar…) pedimos a Jazmín hablar en otra habitación. Nos lleva a la cocina. Dos grandes cazuelas  borbotean en el fuego. Arroz y maíz. La herida de Julián no va bien. Nada bien. Creemos que debería ser ingresado en un hospital. Al menos intentarlo. Jazmín sonríe. “Nada de ingresos. Nada de salir de casa. Ahora estamos solos, dice, pero a partir de media tarde por aquí pasan amigos y compañeros; comemos, cantamos, rezamos, y al final alrededor de la cama vemos películas de nuestra tierra. No. Esto no es posible en el hospital. Ya nos lo dijeron. Nos quedamos… Además, mi Dios lo puede todo. Si mi Dios lo quiere, la pierna de Julián renacerá sana y limpia. Si mi Dios quiere, todo esto pasará. Mi Dios puede hacer el milagro“.

La rotundidad de su expresión y su firmeza nos paralizaron tanto como la visión de la herida de Julián.

Esa fue la primera visita. Hubo más. Largas curas y largas charlas. Su historia, o lo que quisieron contarnos de su historia. Su relación con el sistema sanitario. Su fe. Su fortaleza. Las personas que les esperan aún allá. Las que les olvidaron… Desde el respeto, sin juicios, fuimos entrando en ese mundo que tan lejano nos pareció de inicio. Nos dejaron entrar a donde otros no llegaron… A donde no quisieron ir.

Y la enfermedad fue mal. Y apareció el dolor cuando el tumor alcanzó tejidos nuevos. Julián pasaba la mayor parte del tiempo adormilado. Y tuvimos que ir más a menudo. Las sonrisas se tornaron muecas de preocupación. Las visitas ya no se iban. Todos nos fuimos acostumbrando a todo. Al olor, a la gente, al desorden.

Y llegó el día. Sabíamos que se acercaba el final. Jazmín iba y venía. De la cocina al dormitorio. Del dormitorio a la cocina. Ya en la puerta nos viene a despedir. Llora. Retuerce un trapo de cocina que le sirve de pañuelo. “Mi Dios va a hacer el milagro. Estoy segura. Mi Dios lo va a conseguir, mi Dios va a hacer que Julián se vaya tranquilo, entre nosotros, cerca de su guitarra y de su Biblia. Mi Dios lo puede hacer”.

 

Y se produjo el Milagro…

 

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PD1; Este Milagro no es único, lo sé. Todos los días somos testigos de milagros, de hechos que no pueden responder a la razón porque pertenecen a lugares mucho más sagrados, mucho más libres… Ser testigo de todos estos “sucesos milagrosos” me hace mejor profesional, mejor persona. ¿Cómo no estar agradecido?

INFANCIA y SALUD (Maxi Gutiérrez)

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Aratz, Uxue, Ibai y Maialen no están enfermos. Enferman puntualmente. Tienen atención pediátrica de primer nivel, en lo humano y en lo profesional.Además, vienen al centro de salud sin estar enfermos. Participan en el programa de revisiones en salud donde sus profesionales de enfermería y medicina examinan y aconsejan sobre cómo mantener la salud y los hábitos de vida saludables. Aratz, Uxue, Ibai y Maialen crecen y se desarrollan felices y sanos.

1José Tomás esta envuelto en una de esas historias que nunca buscó y que nadie imaginó a su alrededor. El cáncer y él se encontraron un día y José Tomás lo saluda con la inocencia que sólo un niño posee. José Tomás adora a sus médicos. Quiere parecerse a ellos y cuidar al Sheriff Woody como le cuidan a él… ¿Hay algo más bonito? ¿puede haber más ternura en una
imagen?

IMG_1739Valentina nació con parálisis cerebral. Vive en Quito. En un barrio periférico de la capital donde los medios para vivir con discapacidad son escasos. Su familia ha tenido que trabajar mucho para que Valentina pueda salir adelante con cierta calidad de vida. Lo más llamativo cuando uno entra en su casa es que la salud de Valentina tiene mucho que ver con el amor que su padre, su madre y su hermano le proporcionan. Una belleza.

 

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En Etiopía las madres paren en sus casas y raramente tiene contacto con el sistema sanitario. Los niños y niñas enferman por la falta de lo más básico. Ni siquiera tenemos recogidos sus nombres. Allí como en otros muchos lugares de África se vive en el anonimato la salud y la enfermedad.

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Diferentes imágenes, diferentes miradas de una misma cuestión: la infancia y la salud.

La infancia tiene derecho a vivir en situación de salud pero, la salud no sólo es sistema sanitario. La salud comienza por los apoyos familiares, las condiciones de vida, la vivienda, la situación económica, el acceso a la educación… y tantas otras cosas que construyen salud.

Todas las personas somos responsables de ello, cada uno en su medida, y todas podemos comprometernos a que las niñas y niños crezcan saludables aquí y en todos los lugares del mundo.

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PD: Estas fotos son parte de una exposición fotográfica realizada en mi centro de salud con motivo de la Celebración del Día Universal de la Infancia. Os doy las gracias a tantas personas que habéis colaborado desinteresadamente en esta iniciativa. Todos amigos: Luis Salgado, Maite Aranzabal, Francisco Ponce, Zuriñe Gómez. Y a los padres y madres que con la imagen de vuestros hijos e hijas ponéis en valor la importancia de la salud
Otro día hablaremos si es pertinente hacer una exposición fotográfica en un Centro de Salud.