A PROPÓSITO DE ABRAZOS… (Colaboración de María Aparicio)

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Hoy Fátima me ha pedido que le diera un abrazo. Fátima es la mujer de John. Fátima es portuguesa, pero vivió de pequeña en España y de joven inmigró para Reino Unido.

Yo soy española, viví en Portugal y hace unos pocos años, no tan joven, inmigré también para Reino Unido. Rápidamente hay empatía, compasión o conexión que facilita la relación terapéutica, donde la comunicación fluye suavemente al compás de las 3 lenguas y de lo mucho que las culturas unen. 

Hoy, domingo, día 3 de Mayo, fui a visitarles en horario de urgencia. John esta malito, viviendo sus últimas horas con el maravilloso y acogedor apoyo de su mujer y de su hija. Me pongo toda la parafernalia del EPI: mascarillas, lo de los pies, el delantal, los guantes…

Visita fácil: esta tranquilo, le doy SOS porque tiene más secreciones, aumento un poco la medicación del infusor, refuerzo y enseño cómo hacer higiene oral. Le reitero que no está solo, que está en su casa rodeado de los suyos. Y que los suyos le quieren y quedarán bien. 

Me siento con Fátima y con su hija. Aunque hemos mantenido el apoyo telefónico, ya hacía que no nos veíamos. Maldita pandemia.  Las palabras sobran. Refuerzo lo bien que lo están cuidando. La lengua y la pasión de la sangre española dominan. Ya está todo dicho. Me muestran con cariño las fotos de la boda de ésta, su única hija, que adelantaron para que John pudiera asistir: ¡Que orgullo de momento! 

Me despido. Me quito la dichosa parafernalia del EPI ya en la puerta. Me vuelvo a despedir. 

Fátima me dice: “Anda Maria, dame un abrazo!”. El alma se me encoge y se me rompe a pedacitos pequeños y se me caen todos al suelo… En mi cabeza hacen eco las palabras de mi jefe seriamente mirándome a los ojos: “nada de abrazos, ni besos, ni apretones de manos…y distancia social”

“Fátima… no puedo…” 

“¡Ay! ¡Es verdad! ¡Perdona!“

Me voy. (Le he dado un abrazo inventado que es básicamente un restriego de espaldas). Pero me voy destrozada, sin alma, con el corazón encogido y con lágrimas que no paran de caer mientras conduzco de vuelta. Y que vuelven a caer cada vez que recuerdo el momento…

¡Maldita pandemia!

John murió esa noche. Las dos lo sabíamos.

Le debo ese abrazo. Y los que hagan falta. (Bueno, y tomarme un vino y un queso con ella). Me he prometido que nunca más niego un abrazo.  Porque un abrazo pedido y negado es peor que cualquier virus y duele más que un puñetazo. 

Porque todavía no me he perdonado por ese abrazo no dado. 

Abrazos. Abraza. Déjate abrazar. Vuelve a abrazar. Abrazos.

Con mascarilla. Pero ABRAZA. 

Fotos gratis : persona, chico, juntos, niños, fotografía, Hermanos ...

(María Aparicio es amiga y enfermera que trabaja en St Christopher´s Hospice de Londres. Al leer la entrada que le precede nos envió este sincero relato que hemos querido incluirlo como la colaboración que sintoniza con una manera de hacer. Se trata de un relato real con nombres reales que los protagonistas han aceptado que así fuera. Gracias María. Profesionales como tú sois imprescindibles)

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