EL NIÑO QUE NO ESTUVO ENFERMO (Alberto Meléndez)

Posted on Actualizado enn

(Ayer recibí un mensaje. Los padres de Eñaut (de Inhar) han leído el blog. Les ha gustado. Me dicen además que no sólo no les importa que aparezca su nombre real sino que les haría ilusión. Pues ya está. Inhar es el niño que nunca estuvo enfermo. Él fue, él es. Inhar.)

Él mismo nos abrió la puerta. Abrió, nos miró y giró sobre sus pasos corriendo de nuevo hacia la sala. Enseguida apareció su padre. Quizá no lo notó. Quizá tampoco su madre.  Pero por unas milésimas de segundo me quedé pasmado, sin reaccionar. Clavado al felpudo de la entrada. Congelado bajo el marco de la puerta, esa puerta que acababa de abrir Inhar.

Era mucho peor de lo que había imaginado. Desde que días antes nos habían dicho que deberíamos atender a un niño de dos años y medio me había hecho distintas composiciones. No vemos niños habitualmente, y la gravedad del cuadro que nos contaron era extrema.

Pero nunca imaginé algo así. Era peor, mucho peor…

 

Inhar no estaba enfermo. Sí, claro, tenía una enfermedad. Una enfermedad gravísima, de esas que nadie nombra. Y extendida. Casi todo su cerebro estaba invadido por “eso”. Tenía una grave enfermedad. Pero no estaba enfermo.

Y, extrañamente, eso me golpeó de una forma tal que tardé en reaccionar.

Encamado, quejoso, delgado, dolorido, vomitando… Esperaba un niño así, vencido por el mal, necesitado de ayuda médica en su más amplia acepción.

Necesitado. Ayudado. Medicado.

Pero no. Inhar correteaba por la casa, extrañado de nuestra presencia y a la vez divertido.

Esperaba unos padres desesperados, pidiendo, exigiendo…

Sin esperanza. Pidiendo.

Pero no. Cansados y decididos, sólo deseaban dar paz a su hijo en eso que les habían dicho que eran las últimas semanas. Nada importaba. Solo eso.

Esa fue la primera visita. Hubo algunas más.

La enfermedad fue ganando terreno. Fue postrando a Inhar. Primero los vértigos, la incapacidad para estar erguido. Luego el letargo casi continuo interrumpido ocasionalmente para pedir comida o juguetear con el llavero de su aitite. Alrededor de él padres y abuelos acompañaban su decaimiento. E Inhar siguió sin estar enfermo. Las pérdidas que se fueron dando en él se acompañaron inmediatamente de una adaptación casi perfecta. Venció a la enfermedad porque no peleó contra ella. Su salud venció al pronóstico, al estadiaje, al número.

Inhar se fue una madrugada. Un trozo de cada uno de nosotros se fue con él. Su cerebro invadido dejó de funcionar. La enfermedad había crecido, le había invadido.

Pero os aseguro que él nunca estuvo enfermo.

Anuncios

3 comentarios sobre “EL NIÑO QUE NO ESTUVO ENFERMO (Alberto Meléndez)

    maxigutierrez escribió:
    28/11/2017 en 23:03

    Esto me recuerda lo poco que separamos los médicos la enfermedad de los enfermos. Estudiamos enfermedades. Tratamos enfermedades. Analizamos enfermedades. Y finalmente sólo vemos entrar y salir de nuestra consulta enfermedades.
    Cada persona que atiendo es mucho más allá de su enfermedad. Y eso lo he aprendido (contigo Alberto) conociendo a la persona, sabiendo de su vida, del pueblo en que nació, la profesión que tiene o tuvo, el equipo de futbol que anima… Tonterías todas que me hacen descubrir lo verdaderamente importante.
    Siempre la persona supera a la enfermedad.
    La enfermedad puede ser odiosa como “eso” de Eñaut pero, es la persona la que merece el respeto, el cuidado, la caricia, la sonrisa, la compañía.

    No lo olvidemos (yo no quiero olvidarlo).
    Quiero ver personas no enfermedades.

    Gracias por tu visión.

    Tere Gea escribió:
    29/11/2017 en 13:19

    “Eñaut no estaba enfermo. Sí, claro, tenía una enfermedad”
    Enhorabuena Alberto, Eñaut nos ha dado una gran lección, cómo la enfermedad va perdiendo protagonismo para ser realmente el protagonista, la persona, la familia y todo lo que hay entorno a ellos. Que la muerte nos encuentre viviendo y acompañados de equipos como el vuestro.
    Gracias x este precioso relato!!

      albertoenblogalta respondido:
      29/11/2017 en 16:40

      Gracias Tere. Lecciones que nunca sé si aprendo. Un beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s