SUFRIR ¿PARA QUÉ? Alberto Meléndez

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Sufrir tiene mala prensa. Y en nuestro trabajo se vive de una forma especial. A diario personas cuidadoras, familiares de enfermos en fase final de vida nos piden que acabemos con “el sufrimiento” de su familiar, que “qué sentido tiene verles así“. A veces de forma tímida, cuando la relación es más cercana y la confianza les da permiso para ello. Otras veces a bocajarro, casi antes del primer saludo, como algo que les hierve en la garganta y han de soltarlo de inmediato. Mientras ha habido una prueba pendiente, un tratamiento que quizá funcione, una cita de revisión, incluso un síntoma muy hiriente al que agarrarse… Cuando todo eso desaparece emerge la pregunta; “Y esto ahora, ¿para qué?”.

Algunas veces es evidente que el sufrimiento percibido en el enfermo es el propio (familiares, profesionales…). La contemplación de la muerte cercana, la ausencia de control, la incertidumbre… se vuelven intolerables en uno mismo. La única forma de evitar esta sensación es que finalice lo que la produce. La razón no alcanza a responder a la pregunta; “¿para qué?”. Y se invocan leyes futuras, países cercanos o lejanos, películas de éxito, mártires y verdugos. Y se pone en el enfermo un sufrimiento que no está en él sino en uno mismo.

Otras veces es Question-About-Suffering1el paciente quien manifiesta que ya no quiere seguir así. Que ya vale. Que no quiere ser testigo de su propio declive, que no quiere tener a sus seres queridos a merced de sus necesidades, cada vez mayores. Y se hace duro sostener la mirada. Y faltan palabras, razones. A mí me faltan. Mis creencias me valen. A mí. Así que sello mi compromiso con la persona; haré lo posible por mejorar el “así”… Y deseo de corazón que podamos conseguir todo el confort posible para que aparezca el sentido, para que se obre el milagro

No tengo la respuesta. Creí tenerla cuando empecé en esto, cuando había más teoría que práctica, más ideología que reflexión, más atención que compasión…  Pero a base de práctica, de reflexión, de compasión puedo decir con humildad que no sé qué sentido tiene en cada caso, pero dentro de mí aparece una certeza tenue (¿puede ser tenue una certeza?). SÉ que tiene sentido. Que algunas veces se nos hace visible y otras no. Que la posibilidad de cuidar y de ser cuidado abre espacios de autenticidad que no aparecerían de otra forma. Que es un misterio sobre el que las palabras valen más bien poco. Y que nuestra misión como profesionales de la salud es apartar todo el sufrimiento evitable para que las personas a las que atendemos puedan hacer su camino.

Leo y releo lo escrito. Me percibo absurdo en la explicación.

No pretendo convencer. Sólo poner mi experiencia y mi reflexión que creo honesta y desprovista de prejuicios. Evidentemente que en ella va mi historia, mis creencias… He sido testigo de cosas preciosas, experiencias maravillosas que no se hubiesen dado si alguien hubiera decidido intervenir en el proceso por evitar un sufrimiento que sin ser “bueno” a veces es sanador…

Con esa humildad lo cuento. Quizá no debería hacerlo, quizá no haya palabras… Yo a veces no las encuentro.

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17 comentarios sobre “SUFRIR ¿PARA QUÉ? Alberto Meléndez

    Javier Peteiro Cartelle escribió:
    23/05/2016 en 09:30

    Magnífica reflexión.

      albertoenblogalta respondido:
      25/05/2016 en 18:31

      Gracias Javier. No sé si es magnífica pero te aseguro que me sale de las tripas…
      Un abrazo.

        Javier Peteiro Cartelle escribió:
        26/05/2016 en 12:32

        Dices algo que es especialmente ilustrativo: “Que la posibilidad de cuidar y de ser cuidado abre espacios de autenticidad que no aparecerían de otra forma.”
        Eso es tan hermoso como importante. Cuando necesitamos ese cuidado, sabemos de la importancia de un médico. Siendo médicos nosotros, esa importancia es incluso más necesaria para disipar dudas, para sosegar, para animar, para vivir.
        Y no hay nada más humano, más importante que el cuidado de lo otros, del mundo. No se trata de algo cuantitativo, sino de lo que se pueda hacer, aunque sea poco. La Medicina, así concebida, del único modo en que puede serlo, alcanza su mayor nobleza.
        Lo que sale de las tripas es lo más auténtico; no debe reprimirse nunca. Haces bien en mostrarlo. Nos ayudas. Y eso es algo muy de agradecer.
        un abrazo

        albertoenblogalta respondido:
        26/05/2016 en 17:15

        Gracias Javier.
        Poco que añadir. Quizá que yo no tengo tan claro la importancia de un médico, sino la importancia de un “otro”. Por lo que luego explicas, porque acompañar y cuidar es lo más básico y lo más difícil. Seguro que desde el ser médico podemos ayudar en disipar dudas, sosegar, animar… Pero lo pondría (el hecho de ser médico) como un “además”…
        Es un privilegio que me leas y que me ayudes con tus comentarios.
        Y sí, como dices, lo de la tripa mejor que salga… 😉
        Un abrazo.

    Eduardo Murcia escribió:
    24/05/2016 en 15:14

    Gracias por compartirlo. Me siento identificado.

      albertoenblogalta respondido:
      25/05/2016 en 18:32

      Seguro que podrías aportar más matices, detalles… Y gracias a ti por leer y comentar.

    ADR escribió:
    25/05/2016 en 09:51

    La confluencia del envejecimiento de la pobalción, los avances tecnológicos y el estado del bienestar puede llegar a ser terrible: moribundos o sus familiares que se tiene que morir, que ya les toca, que no quieren irse y te piden que les hagas “todo lo posible” para mantenerles con vida. Es decir, que si no se mueren, les acabas matando tú como médico encarnizador en una UCI intubado e infectado. En otros casos te amenazan con la denuncia si les retiras una diálisis sin sentido porque viven de la pensión del enfermo. A los médicos nos obligan y nos presionan a ocasionar sufrimiento y a prolongar agonías premortem.

      albertoenblogalta respondido:
      25/05/2016 en 18:34

      Bueno, he de decir que no es así en mi entorno. Claro, yo trabajo en domicilio y ahí no es tan fácil “encarnizarse”… Los profesionales sanitarios tenemos una función “sagrada” y el defenderla puede llegar a extremos como el que cuentas… pero no es mi experiencia…
      Gracias por compartir!!

        ADR escribió:
        25/05/2016 en 19:33

        El encarnizamiento del médico domiciliario es la derivación inadecuada al hospital al final de la vida, excepto cuando ya no es posible el control de síntomas y no se plantea la sedación terminal. Poco se utiliza la vía subcutánea en domicilio. Las estadísticas de % de (mala) muerte hospitalaria en España son abrumadoras, pues más de la mitad de la población lo hace en un hospital (muerte tecnológica), y eso incluye los pasillos de urgencias, las UCIs sin acompañamiento familiar, una fría habitación compartida con otros enfermos sin intimidad o conectado a perfusiones y monitores que prolongan agonías. Incluso en la ambulancia. Todo ello sin órdenes de no reanimar ni voluntades anticipadas. La mayoría son muertes previsibles que tendrían una muerte más humana en domicilio. Otro gran problema son los terminales o demencias muy evolucionadas con disfagia que se desnutren o deshidratan. En España morir de hambre está mal visto, aunque sea una buena muerte (starvation), mucho mejor que morir con sonda nasogástrica o PEG. Se debería recuperar la atención domiciliaria o en geriátricos al final de la vida por parte de los equipos de atención primaria. La clave está en una buena comunicación con el paciente, empezando por una correcta información pronóstica y coordinada entre todos los profesionales implicados. Mucho por hacer en este país.

        albertoenblogalta respondido:
        25/05/2016 en 21:18

        Probablemente tengas razón, pero la idea del post era reflejar que en mi experiencia he visto procesos extrañamente largos que a la postre han tenido su sentido. Que no controlamos tanto como creemos, y que somos testigos de un misterio más que actores protagonistas en un proceso… Gracias por tu comentario.

    María José Cao Suárez. escribió:
    26/05/2016 en 22:42

    Uffff, esto es demasiado para mí hoy pero aún así no puedo resistirme a teclear!. A veces, y tú lo sabes, es necesario verbalizar, sacar afuera, tristeza, agobio, incertidumbres, pesares…Otras, sin embargo, no. Resulta mucho más efectivo por parte del profesional que atiende un gesto de cercanía, de complicidad, una sonrisa en el momento adecuado, un contacto físico con la persona enferma…Intentar evitar, en la medida de lo posible, el sufrimiento de las personas es, para mí, una empresa tan importante como complicada. Y no me refiero a un día o en un momento determinado, sino en un PROCESO durísimo que puede durar… lo que dure. Pero el simple hecho de estar ahí, acompañando, animando, cuidando…eso, amigo mío, es la diferencia. Me sigues?. Para la persona enferma el saberse respaldado, la certeza de que alguien se preocupa sinceramente por él/ella, es la pera limonera!. Seguro que quisiérais hacer más de lo que está en vuestras manos, pero todo es limitado y hay que ceñirse a las realidades que vivimos ahora. De todas formas, os pido que pongáis todos los medios que sean necesarios para que dicho trabajo perdure en el tiempo y, lejos de desaparecer o transformarse en algo que no debe ser, se promocione y crezca para beneficio de las personas enfermas y sus familias. Gracias.

    albertoenblogalta respondido:
    28/05/2016 en 18:55

    Gracias Mari Jose. Estamos en ello, con dificultades pero con empeño…
    Un beso.

    […] SUFRIR ¿PARA QUÉ? Alberto Meléndez […]

    Javier Palomo escribió:
    13/10/2016 en 13:30

    Bueno Alberto, gracias por la reflexión. No se si seré yo el único opinador desde el otro lado de la barrera, o sea, el del cuidador pero mi impresión es que vivimos una vida que cada vez más nos empuja a la confusión y a la deshumanización. Yo no tengo más que una experiencia que fue la muerte reciente de mi padre pero para mi fue un proceso súper enriquecedor. Al decir enriquecedor puedo decir que fue también muy triste, si dijera intenso podría decir igualmente que fue agradable. Pareciera una contradicción pero no lo es, la muerte de la persona que me dio la vida me hizo ser y sentir más humano. Una situación dramática, sobre todo por el desenlace final, que provoca una serie de emociones impresionantes.
    Yo sentí que me dieron, no se muy bien quien, la oportunidad de devolverle una mínima parte de lo que él hizo por mi a lo largo de su vida. Y no fue un esfuerzo sino que fluyó con naturalidad. Soy consciente de que hay muchas formas de morir que pueden resultar más complejas.
    Siento que nos cuesta hoy en día aceptar que no tenemos respuestas para todo y que la búsqueda obsesiva del confort nos aleja del valor que tiene el sufrimiento, que entiendo va mucho más allá que el dolor. Queremos dar explicación a todo y algunas veces o no sabemos encontrarla o simplemente no la hay.
    No tengo muy claro lo que he pretendido transmitir pero espero que haya transmitido algo.

    albertoenblogalta respondido:
    20/10/2016 en 20:08

    Buenas Javi. Perdona lo que he tardado pero no encontraba el comentario. Bueno, cosas de mi poca habilidad con esto.
    ¿Sabes? Lo cuentas muy bien; cuentas muy bien cómo la experiencia de cuidado puede ser enriquecedora a pesar de la dureza. Y, ¿sabes otra cosa? Los profesionales no deberíamos ser protagonistas, sino meros instrumentos para que esa experiencia pueda darse… Y por último, para nosotros (para mí) es también enriquecedor encontrar familias como la tuya, e hijos como tú…
    Un abrazo enorme…

    Yurema escribió:
    27/10/2016 en 19:32

    Hoy, de casualidad, he vuelto a caer por aquí.
    Ha pasado un tiempo desde que te leí por primera vez, y ahora te leo desde el otro lado, desde el lado en el que el sufrimiento está dentro de uno mismo, no enfrente.
    Un placer seguirte, aunque sea de forma virtual.
    Un placer también leer entre los comentarios a Mari Jose Caso. Si supiera lo que me acuerdo de ella, y de una frase que me dijo y me marcó: “Se cordial con quien te encuentres, cada uno libra su propia batalla.”
    Ahora estoy librando la mía, y en algunos momentos me acuerdo de los guerreros que vi luchar ante mí y ante vosotros. Cuánto aprendí.
    Me llegaron tus recuerdos. Te mando un abrazo lleno de cariño y admiración Alberto.

      albertoenblogalta respondido:
      27/10/2016 en 19:53

      Yurema, qué decir. El sufrimiento siempre está en uno mismo y siempre está en frente. Hago mío el tuyo y daría lo que fuera por verlo aliviado. Porque no estamos solos… No estás sola.
      Gracias por tu cariño y tu recuerdo. Espero pronto darte un abrazo.

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