INVISIBLES (Alberto Meléndez)

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Un buen compañero nos definió así. Invisibles. “Es que los que trabajáis en esto de los Cuidados Paliativos sois invisibles” dijo. Y el lema de este año para el Día Internacional de los Cuidados Paliativos es “Paliativos más Visibles”. Dejar de ser invisibles…

Invisibles para los ciudadanos que prefieren no tener que conocernos. Para la “opinión pública” que prefiere opciones de blanco o negro que enciendan debates y afiancen posiciones ancestrales ya inamovibles. Para muchos compañeros que ven en nuestro forma de trabajo una amenaza, un juicio o un compromiso. Y para nuestros gestores, que de vez en cuando se limitan a dar muestras de apoyo moral mientras racanean los recursos que necesitamos para hacer nuestro trabajo.

Invisibles. Pero insistentes. Tercos. Debe ser eso de la vocación de cuya existencia dudaba Maxi en su reciente post.hands-image-web

Sin embargo, lo más grave no es nuestra invisibilidad. Al fin y al cabo tenemos el privilegio de trabajar en lo que nos gusta, de que nos paguen por ello, de seguir creciendo y aprendiendo. Lo más grave es cómo ese desconocimiento forzado, esa ocultación de nuestro trabajo se extiende (¿de forma intencionada?) a pacientes y familias, a los perdedores biológicos de esta vida de sanos y ricos que nos hemos montado. La sensación de soledad, de abandono, que percibimos en muchos domicilios es aterradora. Como en el gran cortometraje “Alumbramiento” (aquí su promoción), en esas casas el tiempo parece haberse parado. O mejor, parece haber tomado otro rimo, otra cadencia, sólo entendible para los que habitan entre esas paredes… Nonagenarios agarrotados, ancianos que preguntan, mujeres que lloran por ser cuidadas, hombres que aprenden a cocinar, jóvenes que nunca volverán a ser “jóvenes”… No aparecen en planes ni en organigramas. Ni en estudios ni en ensayos.

Invisibles. Pero existentes. Ciertos. Aunque desviemos la mirada. Aunque torzamos el morro al verlos citados en nuestra agenda. Aunque finjamos no ver la continuidad de cuidados que nos anuncia que de nuevo, otra vez, ha sido dado de alta del hospital…

Invisibles. Ocultos. Ocultados. Ellos y nosotros. Nosotros pero sobretodo ellos.

Quizá será que nuestra labor tenga que ser así. Invisible para ser eficaz. Oculto y ocultado porque “lo esencial es invisible a los ojos” que decía El Principito. Porque es otra mirada, son otros ojos los que ven y valoran este trabajo.

Prefiero pensar que somos como los Gigantes de mi Pamplona. Gigantes que giran, danzan, hacen felices a niños y grandes. Gigantes que son fotografiados, grabados en video, dibujados, serigrafiados en camisetas y bolsos. Y que cuando el baile acaba, de sus faldas salen unos seres que parecen diminutos a su lado. Sudorosos, dolidos, satisfechos. Orgullosos de dar vida a un icono. Felices por provocar sonrisas y hasta lágrimas. Y que, despacito, vuelven a sus casas gigantesen el anonimato de un autobús. Sabiendo que nunca estarán a la altura de lo que representan. Que si fueran más conocidos que lo que escenifican sería el fin de su grandeza.

Seguiremos tercos. Mostrando a nuestra sociedad y a nuestra profesión que esas personas que sufren son nuestra razón de existir, que merecen nuestro esfuerzo. Y que al hacerlo crecemos como personas y como profesionales. Pero sin esperar grandes reconocimientos. Porque quizá sea mejor así…

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11 comentarios sobre “INVISIBLES (Alberto Meléndez)

    Javier escribió:
    10/10/2015 en 14:38

    Invisible pero solícito es…
    Solícito, na palabra que añade sentido a la invisibilidad

      albertoenblogalta respondido:
      10/10/2015 en 20:10

      En google dicen esto; [persona] Que pone atención, diligencia y amabilidad al atender o servir a alguien. Pues me parece perfecto. Atención (acción y priorización), Diligencia (capacidad técnica que da el estudio y la práctica) y Amabilidad (calidad de amor en lo que se hace)… Javier, GRACIAS. En pocas palabras me has dicho algo muy bonito!!

    maxigutierrez escribió:
    10/10/2015 en 17:48

    Sublime, Alberto… sublime.
    Me tiembla la voz y se me empapan los ojos al leerte porque, es verdad como la vida misma. Sé que vuestro trabajo es así. Yo dije lo de “invisibles”… y lo reitero.
    Lo de los gigantes de Pamplona me parece un ejemplo excelente. El trabajo grande movido por un pequeño al que apenas nadie conoce… que se retira a su casa en silencio. Es brutalmente cierto.
    Entonces, sois gigantes invisibles ¿no?… ¡qué curioso!… gigantes invisibles… gigantes invisibles.

    Pero yo también se que no sois del todo invisibles. Si le pregunto a Mari Jose o a su padre, que estos meses llevan emprendiendo un forcejeo con sus metástasis, para esos sí que no sois invisibles. Sois su alma, su fuerza, su sustento… Soy testigo privilegiado de cómo se les ilumina la cara cuando hablan de vuestro equipo.
    Tampoco sois invisibles para los profesionales de atención primaria que queremos acompañar la vida hasta el final. Os tenemos. Os valoramos. Nos sentimos respetados y apoyados por vosotros. Sólo algunos, lo se pero, ¿qué importa si a algunos nos resultáis insustituibles?
    Para ellos y para nosotros no sois invisibles. Y cuando nos toque de cerca, lo seréis menos porque entonces, nos resultaréis imprescindibles.

    Sois grandes, muy grandes… GIGANTES a los que muchos tratan como INVISIBLES pero, quizás un día os aprecien como IMPRESCINDIBLES.
    Así es.

      albertoenblogalta respondido:
      10/10/2015 en 20:06

      Bueno Maxi, no es pa tanto!! Me alegro que te llegue y te emocione. Pero de esto hemos hablado tú y yo muchas veces. Si estamos convencidos de que esto lo aprecian pocos (“esto” no es sólo cuidados paliativos; “esto” es atención de calidad, pasión por cuidar, compasión bien entendida…) y que casi es mejor así… ¿Por qué me cabreo tanto y me frustro cuando se evidencia? Vamos, contradictorio… Será que soy más vanidoso de lo que quiero creer…

        maxigutierrez escribió:
        11/10/2015 en 02:05

        Ahí precisamente es donde coincidimos, donde este blog cierra su círculo: en la atención de calidad, en la pasión por cuidar, en la compasión bien entendida…
        Ahí nos encontramos y nos entendemos.
        (Otra declaración de amor)

    Kikealvarezp escribió:
    11/10/2015 en 09:45

    “Los defectos de un hombre se adecúan siempre a su tipo de mente. Observa sus defectos y conocerás sus virtudes.” Confucio.
    ¿Ser “invisibles” es un defecto? Como muy bien explicas, Alberto, y Confucio te respalda, puede que sea más bien, nuestra gran virtud.
    De todas formas, y retomando el ejemplo de los Gigantes pamplonicas, nos has mostrado a esos geniales anónimos que les dan vida, pero aún así, su trabajo en la sobra hace que los Gigantes sean bien conocidos, y admirados. He ahí su virtud.
    Un abrazo! Y enhorabuena! 🙂

      albertoenblogalta respondido:
      11/10/2015 en 18:10

      Bueno, gracias Kike. Si además me respalda Confucio… Me encanta la cita porque pone nombre a esta contradicción que vivo y sufro. Un gusto que me (nos) leas y gracias por tu comentario!!

    Yurema escribió:
    30/11/2015 en 19:17

    Como buena navarrica, se me pone la piel de gallina al leer tan bonita y acertada comparación.
    Y es curioso… Porque las 3 semanas que pasé con Aurkene y contigo, me sentí como esos niños que desde la admiración, no pierden de vista a esos Gigantes y a su forma de fluir, entre y con las personas…
    Además del ejemplo que ha puesto Maxi, me atrevería a añadir muchos más… Entre los que me incluyo. Para mí, no solo NO sois invisibles, sois necesarios.

    No hay más ciego que el que no quiere ver…

    albertoenblogalta respondido:
    30/11/2015 en 22:12

    Gracias Yurema. ¿Sabes? Una de las cosas más bonitas de mi trabajo (que tiene muchas bonitas) es ver cómo esta forma de atender a la gente les “conecta” con algo. Cómo brillaban tus ojos en esos domicilios, cómo escuchabas a Aurkene, como mirabas a los enfermos y a las familias. Gente como tú hace que nos ilusionemos aún más. O que mantengamos la ilusión… Porque tú tampoco quieres “ser gigante”, porque aspiras como nosotros a salir de sus faldas y mezclarte entre la gente. Sudando, cansada, casi agotada… pero sonriendo.
    Gracias guapísima.
    Nunca ya volveré a mirar una botella de vino sin fijarme en la cápsula… (díselo a Pablo…).

    […] Podéis leer el artículo entero aquí: “Invisibles” (Alberto Meléndez). […]

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