LUJOS EN LA SANIDAD VASCA (Alberto Meléndez)

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Hacía mucho frío en la calle. Sin embargo, en el pequeño salón del piso de Ángela hacía calor. En realidad no sé si era tan pequeño. Pero desde luego se hacía pequeño para el número de personas que nos habíamos juntado en él aquella fría mañana de finales de febrero.

Ángela reinaba en su sillón a modo de trono, y desde él nos miraba ahora ya mucho más tranquila. Yo sentado en el brazo del sofá. Elena, su médico de cabecera, de cuclillas en el otro lado. Carmen, su enfermera de cabecera, luchaba con la manga de la bata de Ángela para tomarle la tensión. Aurkene, la enfermera que trabaja conmigo (ya dije en alguna ocasión que no diré “mi enfermera” salvo en presencia de mi abogado) hablaba con la hija de Ángela, Itziar, sobre algunas recomendaciones de la alimentación de su madre y de su estreñimiento. Elena le toca la tripa. Después ambos le miramos y palpamos las piernas. Algunas risas cuando queremos intercambiar nuestras posiciones alrededor de Ángela.

Después un momento más serio; pregunto a Ángela cómo se siente, qué le preocupa, qué desea. Y se emociona un poco, pero habla con paz de sus temores, de su miedo a ser una carga, de su intención “si es posible” de seguir en esta casa donde cabemos a duras penas pero donde ha pasado sus últimos 46 años en Vitoria. Y mira a su hija, y esta mira a su madre. Y luego habla de ese dolorcillo que, aunque mucho más apaciguado, en ocasiones le recorre el costado y le recuerda lo que tiene. Y de lo que le cuesta comer, pero lo bien que le sientan los politos de sabores que le recomendó Carmen.

Aurkene y Carmen revisan la piel de Ángela. Elena y yo reorganizamos el tratamiento farmacológico y lo dejamos escrito en la hoja.

Nos vamos despidiendo de uno en uno. Desde su trono, Ángela espera a que uno a uno nos vayamos agachando (yo con más dificultades) a besarla. Itziar en la puerta nos espera para lo mismo. Ya no disimula su emoción. Ni una especie de “alegría” que aunque no puede apagar el dolor que siente le hace sonreír entre lágrimas. O llorar entre sonrisas.

Al salir las mismas preguntas que a Ángela; ¿necesitas algo? ¿quieres preguntarnos algo? “Nada. De momento nada. Sólo gracias. Esto es un lujo”… Y entonces Aurkene, con su sonrisa, como si lo que iba a decir fuera lo más habitual del mundo, le dice a Itziar; “No. No es un lujo. Lujo es todo aquello bueno pero de lo que se puede prescindir. Esto no es un lujo. Esto, aquí y ahora, es lo necesario, lo que necesitáis…” Y seguimos con las despedidas.

Una vez en la calle comentamos los cuatro las cosas que nos han parecido más relevantes. Y acordamos cómo haremos el seguimiento a partir de ahora; quién llamará, cuando pasaremos… Hace frío en la calle así que nos despedimos de forma efusiva pero rápida. Casi corremos al coche.

lujo4
Necesidad / Lujo. Encontrar las diferencias…

Necesidad

 

Y yo sigo con el lujo en la cabeza.

Si esto no es un lujo, ¿por qué se hace tan poco? Si es lo necesario, ¿es justo que unos lo tengan y otros no?  ¿Por qué a Itziar le parece un lujo esto que es cotidiano para mí? Porque… ¿ya no lo espera? Entonces, ¿por qué ya no lo espera? ¿Será porque sólo espera recetas, prisas, demoras…? “No es lujo, porque lujo es algo bueno de lo que se puede prescindir. Es lo que necesitáis…” ¿No están para eso los Servicios Públicos de Salud, para proporcionar lo necesario? ¿Por qué cuesta entonces tanto extender esto de los Cuidados Paliativos?

Y me surgen “otras cosas lujosas”; control del niño sano, chequeos de adultos sanos, consultas y re-consultas de especialistas hospitalarios cuyo objetivo es mantener actividad, programas de eficacia dudosa y nula eficiencia, fármacos novedosos que no aportan nada, pruebas preventivas para cubrir espaldas, cribados indiscriminados para aumentar no los sanos, sino los enfermos… ¿Serán eso lujos prescindibles? ¿Será que si se diera prioridad hacia lo necesario (atención centrada en la persona, dicen) podrían ofrecérselo a todas las Ángelas e Itziares?

No. Imposible. No puede ser tan fácil. ¡¡Esta Aurkene tiene unas cosas…!!

 

Nota. En Euskadi los equipos de Cuidados Paliativos específicos son excepcionales. Como soporte para atención primaria sólo existe el de Álava (un médico y una enfermera), otro en la OSI Alto Deba (un médico a mitad de jornada y una enfermera) y el del Hospital San Juan de Dios de Santurce. En los hospitales tampoco la realidad es mucho más halagüeña. Recientemente un informe de la AECC calcula que para realizar una atención adecuada harían falta en Euskadi 13 equipos más de Paliativos. Es cierto que los cuidados paliativos básicos los realizan cientos de compañeros de Atención Primaria y Hospitalaria, pero la literatura ha demostrado que la atención sólo es completa si existen estos equipos específicos que coordinan, asesoran, asumen casos complejos…

Otra nota. La situación es real. Los nombres son ficticios. Menos el de Aurkene. ¡Que es que dice cada cosa!

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6 comentarios sobre “LUJOS EN LA SANIDAD VASCA (Alberto Meléndez)

    Javier Peteiro Cartelle escribió:
    15/03/2015 en 22:55

    Es curioso ese sillón. Mi padre se pasó los últimos años en uno, desde el que controlaba todo y en el que era controlado; conservando lucidez hasta el final y con la suerte de tener un excelente médico que transmitía sosiego, sabiduría y paz en un sitio necesariamente frío como es una residencia geriátrica. Son compañeros así, como el que atendió a mi padre, como los que aparecéis ahí, los que hacen que la Medicina siga siendo algo distinto; que no sea una ciencia más, aunque precise la ciencia; que no sea sólo un acompañamiento aunque uno necesite ser acompañado.
    En su caso, fue propiamente un lujo que se pudo permitir. Tiene razón esa señora porque quienes deciden sobre nuestras vidas y muertes han convertido en lujo lo que es necesidad, poder pasar los últimos años de una vida de modo digno. Y ante eso, efectivamente, toda la medicalización de lo normal, todos los pretendidos avances en cribados sí que son lujo real… y dañino para quien cree “disfrutarlo”.

      albertoenblogalta respondido:
      16/03/2015 en 23:15

      Gracias Javier. Sí, esos sillones dan “posición”. Se convierten en el último reducto donde uno puede seguir siendo “rey”. Me alegro de que tu caso fuera “de lujo”. Un abrazo.

    medicopersonal escribió:
    16/03/2015 en 06:43

    Reblogueó esto en Médico Personal.

    maribel escribió:
    16/03/2015 en 19:00

    ¡Para tantos millones de personas les está vetado lo elemental para cubrir sus necesidades básicas…!E incluso en nuestro entorno, el primer articulo de la Declaración de los Derechos Humanos suena a revolucionario. Efectivamente una cosa es el lujo y otra muy distinta lo necesario…aunque desgraciadamente se ha convertido en un privilegio tener cubiertas las necesidades elementales. Seguiremos en el empeño de hacer posible que los derechos no se conviertan en articulos de lujo. Y eso incluye el derecho a vivir con dignidad hasta el ultimo aliento.

      albertoenblogalta respondido:
      16/03/2015 en 23:16

      Sí pero en esta sociedad del Norte rico nos cargamos de “lujos” y olvidamos lo verdaderamente necesario.
      Gracias Maribel!!!

    Mikel escribió:
    25/07/2015 en 14:05

    Discrepo ligeramente…
    Tener un equipo multidisciplinar que cuide de estas personas es una necesidad, que parte de ese equipo lo integren Aurkene y Alberto es un lujo para Osakidetza.
    Y para el resto de profesionales de Osakidetza tambien.
    Un abrazo

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