EN EL DÍA DE LA MUJER: HABLEMOS DE GÉNERO Y SALUD (Maxi Gutiérrez)

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Mujeres y hombres pero, sobre todo mujeres, pasan por la consulta manifestando malestares, ansiedades, dolores, a veces miedos y sólo algunas pocas veces enfermedades con daño orgánico. Pero, mujeres y hombres no se manifiestan igual cuando se sientan en la silla de la consulta y expresan sus síntomas.

Existen diferencias biológicas que lógicamente afectan a la salud pero, esta cultura y esta sociedad asignan a las mujeres unos roles tan específicos que condicionan su estado de salud y su manera de enfermar.

Pondré dos ejemplos. Durante mucho tiempo el hábito tabáquico ha sido una práctica fundamentalmente masculina que ha condicionado que las cifras de cáncer de pulmón y otras enfermedades crónicas pulmonares hayan sido mucho menores en mujeres. En eso se han visto beneficiadas hasta que una actitud de imitación del modelo masculino ha extendido el hábito entre ellas haciendo que estas cifras cambien sustancialmente.

Por otra parte el rol de cuidadoras atribuido mayoritariamente a las mujeres hace que muchas vivan sobrecargadas por la asistencia dispensada a sus mayores, a sus hijos e hijas y, en muchos casos también a sus parejas. La mujer tiene interiorizado el mandato del cuidado hasta tal punto que lo normaliza y se lo autoimpone como una cuestión de deber moral en solitario. Mochilas que se cargan a la espalda llenas de ocupaciones y pre-ocupaciones que pueden transformarse en dolor, insomnio, depresión o angustia. No sé si es enfermedad pero, desde luego, es sufrimiento del que muchas mujeres no son capaces de salir.

12960_3a43c6197dSin embargo los hombres consultamos menos o más tarde porque hemos sido educados en la necesidad de aguantar, de exponernos y sobreponernos. Muchos hombres sólo consultan empujados por sus parejas. Es frecuente escuchar como se disculpan: “vengo porque la pesada de mi mujer…” “yo creo que no es importante pero, se ha empeñado…” dejando bien claro que quería (¿o debía?) soportar la situación como sólo un hombre sabe hacerlo.

Así aguantamos malestares o diagnósticos en estadios más avanzados de enfermedad que dificultan su tratamiento. Participamos menos de los programas preventivos de cribado de enfermedades. Y desarrollamos conductas de riesgo que generan enfermedad: el abuso de sustancias tóxicas, los accidentes de tráfico, los traumatismos y agresiones… se producen típicamente en hombres.

El rol familiar del cuidado ante la enfermedad está bien determinado. Si es el varón el que enferma casi todo está asegurado cuando hay una mujer que dispensa y organiza las cuestiones necesarias. Si lo es la mujer, entonces toca hacer muchas cábalas para facilitar un funcionamiento familiar razonable y aportar los cuidados necesarios que aseguren la recuperación de la salud.

Si los hijos contraen la enfermedad, será la mujer la que centre las atenciones y cuidados. Es curioso observar a muchas madres cómo se acercan a la consulta con sus hijos adolescentes aportando todo tipo de información y detalles sobre el proceso sin dejar apenas que el enfermo pueda contar lo que le ocurre y cómo se siente, sin oportunidad de permitirle intervenir bajo la percepción de que no lo va a hacer adecuadamente. Sin embargo, cuando es el padre el que acude a la consulta permanece casi en la puerta ejerciendo de mero acompañante al que alguien encargó la tarea. Todos son mandatos de género establecidos por los roles repartidos.

Sólo la observación de estos comportamientos me permite reflexionar sobre cómo presto una atención diferenciada a hombres y mujeres más allá de lo puramente biológico (ginecología y alrededores). Siempre es necesario tener en cuenta los condicionantes sociales en general, y los de género en particular para ofrecer una atención más ajustada a la persona. Así contribuiremos a una cultura donde éstas no sufran como consecuencia de unas desigualdades asignadas por el hecho de pertenecer a uno u otro género.

Es sabido que el sector sanitario es un colectivo mayoritariamente formado por mujeres, sobre todo en la enfermería y cada vez más en el colectivo de la medicina pero, eso no asegura una mirada ponderada de género. Entre nosotros sigue reproduciéndose el tópico que cuidar es de mujeres (enfermeras) y curar de hombres (médicos). Y eso produce perversas consecuencias para la atención y para el sistema.

La cuestión será generar procesos de reflexión y formación de los profesionales donde se introduzca la variable de género como algo valioso para interpretar los procesos de enfermar de las personas.arton1644-b1dc3

Y además, nada nos hará mejores profesionales que nuestro trabajo para constituirnos como mejores personas. La cuestión se juega en las cosas de la vida cotidiana, en las actitudes del día a día y en todas aquellas cuestiones que tenemos “grabadas” y de las que apenas somos conscientes. Las actitudes sólo pueden cambiarse con procesos de reflexión, con espacios de diálogo, corriendo riesgos en el cambio y disfrutando de los logros.

Veo avances en mis compañeros y compañeras que cada día se esfuerzan en hacer mejor su trabajo. Experimento en mí mismo que es posible cambiar y generar dinámicas nuevas. No es fácil pero, cuando se experimenta ya no hay marcha atrás, es imposible mirar con otros ojos y, a mí este camino me resulta apasionante.

¡Estoy esperanzado!.

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2 comentarios sobre “EN EL DÍA DE LA MUJER: HABLEMOS DE GÉNERO Y SALUD (Maxi Gutiérrez)

    Paloma escribió:
    19/05/2015 en 12:20

    Muy buena reflexión sobre la cuestión de género y como las mujeres seguimos cargando con el pesado rol de cuidadoras. Me gusta el enfoque desde el punto de vista de un médico de Atención Primaria… ¡gracias por tu aportación!

      AMAYA ZENARUTZABEITIA PIKATZA escribió:
      08/03/2017 en 12:57

      Muy buen artículo, Maxi. E ideal para el día de hoy. Ahora falta saber cómo hacer para que el sistema sanitario se impregne de esta visión para compartir juntos la gran verdad con la que concluye tu escrito… “Cuando se experimenta ya no hay marcha atrás, es imposible mirar con otros ojos”, porque es así, tal cual, y ese es el camino… Y sí… Es francamente a apasionante.

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