MIEDO A ERRAR y CÓMO RE-COMPONER (Maxi Gutiérrez)

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Teresa es una mujer de 49 años. No la conocía mucho porque no habíamos tenido muchas oportunidades de encontrarnos en la consulta. Una mujer un tanto distante a la vez que correcta.

No recuerdo muy bien el contexto de aquella consulta en la que nos vimos porque los síntomas relatados me llevaron a etiquetar inmediatamente el caso de gastroenteritis vírica. Sin dudas al respecto le ofrecí los consejos dietéticos habituales, el tratamiento sintomático de su fiebre y su ligero dolor abdominal y la recomendación de abstenerse de acudir a su puesto de trabajo en forma de baja laboral.

Al cabo de unos días volvió su marido. De aquella consulta me acuerdo con mucho más detalle. Su cara de abatimiento y su gesto de recriminación me dejaron marcado. “Teresa está ingresada en la UCI” me dijo. Comprobé en el ordenador como el relato hospitalario hablaba de una sepsis en el contexto de meningitis vírica. Y capeé el temporal como pude cuando su marido achacaba a mi diagnóstico erróneo aquella situación. Intenté explicarle la complejidad de un diagnóstico así, la rápida evolución, la ausencia de síntomas de sospecha, el tratamiento de los cuadros víricos,… percibiendo la escasa efectividad de mis palabras. Lamenté el trascurrir de los acontecimientos y le expresé mi dolor por lo ocurrido.

1511299_718950268123061_1678507089_nY cuando cerró la puerta de la consulta repasé cada una de mis palabras escritas en la historia clínica de Teresa. Ni el relato sintomático ni la exploración física ni las recomendaciones terapéuticas me hacían sospechar ningún error. Pero, como no estaba seguro de estar engañándome a mi mismo lo repasé una y mil veces y lo compartí con algunos compañeros que lo despacharon con un comentario sobre lo inevitable de ciertas circunstancias. Y aún permanezco en la duda: quizás minimicé algún síntoma, quizás alguno de los signos de la exploración me pasó desapercibido, quizás no expliqué todo lo que debía o bien olvidé recordar aquello de “y si empeoras o no mejoras en un par de días pásate de nuevo”.

Seguí con cercanía la evolución de Teresa en el hospital. Todo se resolvió sin complicaciones mayores aún cuando la evolución fue (o se me hizo) larga. Temí que Teresa no quisiera volver a mi consulta pero, no fue así. Volvió mucho más delgada y con una seriedad agravada. Cierta recriminación aunque de intensidad más baja, me hicieron repetir los argumentos, expresar mi dolor por lo ocurrido y manifestar mi alegría por la evolución.

En todas las visitas posteriores recuerdo haberme sentido incómodo y, sin duda, poco objetivo a la hora de interpretar síntomas. Pasando y re-pasando mis decisiones por la criba de la duda. Sorprendiéndome por ello ya que, no suele ser una actitud muy presente en mí.

Así, sus miedos y su baja laboral se alargaron más de lo esperado y de lo recomendable porque no pude (o no supe) hacerlo mejor.

Nunca me atreví a retomar la cuestión, a preguntarle sobre ello, a conocer lo que en el hospital le dijeron, a interrogar sobre qué le hizo permanecer conmigo. Sin duda con miedo a reabrir mis propias heridas.

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Teresa me invita a pensar en el error y en el miedo al error porque quizás su caso es más una fantasía que un propiamente un error. Los médicos nos equivocamos. Erramos como todos. Lo que ocurre es que cuando trabajas con la salud y la enfermedad el error puede tener consecuencias serias y el miedo puede paralizarte. Nos equivocamos y no siempre somos capaces (o podemos) reconocer nuestro error y asumir nuestras limitaciones. Somos capaces de hablar , a veces alegremente del error ajeno, del error del compañero, haciendo un flaco favor a la confianza que las personas ponen en los profesionales de la salud. Eso es grave.

Pocas veces nos atrevemos a mostrar nuestras dudas delante de los compañeros haciéndolo en tiempo y forma adecuada. Y, si lo hacemos, la mayoría de las veces la cuestión se zanja rápidamente con un comentario del tipo de “eso le pasa a cualquiera”. Porque el compañero espera recibir idéntica respuesta cuando se vea en el otro lado y necesite cicatrizar su herida, aunque sea en falso. En el error todos participamos de un cierto pacto de silencio.

Todo esto me hace reflexionar sobre cómo re-componemos las relaciones tras los errores o las percepciones de error. Lo complicado de re-componernos a nosotros mismos. Lo difícil que resulta ponerlo sobre la mesa, con los pacientes y los familiares. Que a veces, es lo único que desean oír para retomar la relación.

Me hace reflexionar sobre los precios que pagamos o lo poco indulgentes que somos con nosotros mismos. Lo que no nos atrevemos a decir o sobre lo que lamentamos haber dicho. Y cómo y durante cuánto tiempo lo arrastramos en forma de inquietud o, lo que es peor, como ineficacia terapéutica.

 

Esta reflexión ha sido facilitada gracias a mi participación en el SIAP 2015 en que un grupo de excelentes compañeros llevamos dos meses intercambiando correos y mucha, mucha documentación sobre esto de “los errores clínicos”. Completaremos la reflexión los próximos días en un encuentro en Granada donde espero seguir compartiendo dudas, recibiendo mucha sabiduría y aprendiendo juntos. Gracias.

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9 comentarios sobre “MIEDO A ERRAR y CÓMO RE-COMPONER (Maxi Gutiérrez)

    Patricia Zaballa escribió:
    01/02/2015 en 23:42

    Lo primero gracias por compartir esto con nosotros, y enhorabuena por hacerlo con tanta sinceridad. Todos sabemos lo difícil que resulta, probablemente en este caso no cometiste ningún error diagnóstico , pero si que es verdad que muchas veces el error está en lo que no dijimos y deberíamos haber dicho. Otras veces estas situaciones son inevitables. Esta claro que todos los que hemos decidido dedicarnos a esta profesión queremos diagnosticar , curar… Pero a veces no podemos…. No somos dioses y no lo controlamos todo…. Pero nos han hecho creernos lo contrario , en nuestra formación…en nuestro sistema de trabajo. Pero tenemos que aceptar que nos hemos equivocado y lo seguiremos haciendo aunque que difícil es y como duele,todos sabemos lo que es repasar la cadencia de hechos repetidamente, estar noches sin dormir revisando y volviendo a revisar, despertarte bruscamente a la noche… Pero tenemos que saber analizar y compartir nuestros errores para buscar cambios en donde nos hayamos equivocado ya prender para evitar que vuelva a ocurrir. Y sobretodo lo que nos resulta más difícil compártirlo con nuestros pacientes…. También a ellos les tenemos que demostrar que no somos perfectos y asumir y pedirles perdón por nuestros errores. Espero que compartas también con nosotros vuestras reflexiones en SIAP 2015.
    Este año se celebran en Bilbao las VIII JORNADAS DE SEGURIDAD EN EL PACIENTE EN ATENCIÓN PRIMARIA en mayo, y el lema es “EVENTOS ADVERSOS Y PROFESIONALES SANITARIOS IMPLICADOS: ATENCION, SOPORTE Y APRENDIZAJES” .
    Muchas gracias.

      maxigutierrez respondido:
      02/02/2015 en 16:09

      Nos han educado para despreciar la imperfección y castigar la falta. Nadie nos educo para re-componer lo perdido y para re-componernos tras el sufrimiento del miedo al error o al error mismo.
      En mi experiencia no conozco ningún profesional que no quiera hacer las cosas bien (bueno… algunos lo parece pero, en el fondo quieren hacerlo bien) y las personas se sienten satisfechas cuando “les acertamos” -como dicen ellos.
      Pero, si que nos falta una cierta dosis de humildad y poco de valentía para afrontarlo.

      Después de este “chute” del #siap2015 espero poder acudir a la jornada de Mayo… ¡siempre aprendiendo!
      Gracias Patricia por tus amables palabras.

    Fernando escribió:
    02/02/2015 en 16:30

    Tenemos más garantías de seguir humanizandonos cuando reconocemos los propios errores, más aún, cuando los podemos comunicar. A riesgo de hacernos más vulnerables es el camino para crecer en la fortaleza de verdad.
    Gracias Doctor por lo que compartes e intentaremos seguir aprendiendo como dices.

      maxigutierrez respondido:
      02/02/2015 en 16:35

      Claro, no había caído, Fernando: el error nos hace humanos y sólo como humanos podemos crecer.
      El que se cree Dios no crece nunca.
      Humanizarnos para crecer… tomo nota de esta joya que nos ofreces. Gracias.

    Agustina escribió:
    02/02/2015 en 17:23

    Qué cierto todo lo que dices, y qué doloroso convivir con los errores. A veces, incluso, no es fácil superarlo. Me ha emocionado mucho. Enhorabuena por tener el valor de escribirlo.

      maxigutierrez respondido:
      03/02/2015 en 01:12

      El valor de escribirlo se ve superado por la emoción que muchos profesáis a estos relatos…

    Javier Peteiro Cartelle escribió:
    11/03/2015 en 14:09

    Excelente post. Creo que pocos compañeros tendrían el coraje y la nobleza de escribir algo así.
    Lectura importante para médicos jóvenes, que confunden a veces error con ignorancia y también para los médicos experimentados que nunca han tenido la valentía de superar su error con la insistencia en la atención al paciente al que, desde el error (al que nadie escapa) muchos desearían olvidar.
    Vale más este post que muchas lecciones de estadística, protocolos y calidades. Y reconforta saber que hay quien es capaz de escribirlo.

      maxigutierrez respondido:
      11/03/2015 en 23:30

      Gracias Javier por tu valoración y tus comentarios.
      No se si es cuestión de valentía… Al final decidí que era una cuestión terapéutica porque, aunque no lo verbalizaba, no lo tenía bien cerrado. Algo se había quedado enquistado, con un cierto resquemor, con una sensación de no haber hecho las cosas bien… yo qué se!
      En la sesión presencial del siap presenté el caso y le añadí “la oportunidad perdida”. La representación a modo de rol-play sobre lo que pude haber hecho. Teniendo en cuenta las aportaciones de todos.
      Te puedo decir que fue auténticamente “sanante”.
      Ojalá que este post sirva para que algunos piensen sobre sus propios errores o sus miedos al error, los jóvenes y los no tanto. Es tiempo de abandonar los “pactos de silencio” que hacemos con nuestros pacientes, con nuestros compañeros y con nosotros mismos.

      Gracias, otra vez.

    José M. Brea Feijoo escribió:
    18/11/2015 en 16:35

    Creo que has obrado correctamente. Y es indudable que lo imprevisible siempre se nos va a escapar, pues estamos debatiéndonos continuamente con la incertidumbre. Pero lo peor es el miedo, paralizante o generador de medicina defensiva, que inhibe de tomar decisiones o que impulsa a derivar excesivamente (a pasarle el problema a otro). Mala cosa en la sociedad de la desconfianza y de la urgencia (“lo quiero ahora mismo, ya, sin demora”). Somos tan accesibles que cualquiera descarga en nosotros su frustración. Nos hacemos cargo de demasiados problemas sociales y nos involucramos de tal modo que nos llevamos una gran carga mental para casa. Por encima estamos tan desprotegidos trabajando en solitario, tan ninguneados por los gestores (¡a dónde hemos llegado en la estructura de mando!) e incluso tan poco arropados entre compañeros, que uno se pregunta si merece la pena tanto desgaste para tan poca recompensa. Sin embargo aguantamos, hasta que cuerpo y mente respondan…

    Y por si sirve de algo, enlazo una extensa reflexión sobre errores médicos: http://medymel.blogspot.com.es/2014/09/errores-medicos-realidad-y-prevencion.html

    Un saludo.

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