QUE NO ME RECETEN PACIENCIA (Maxi Gutiérrez)

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Desde hace unos días me aburro de escuchar la palabra paciencia.

“¿Qué tal vas?… ¿todavía así?… pues, paciencia… no queda otra”
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Entiendo la simplicidad y facilidad del comentario pero, no comparto el trasfondo que habla de soportar dificultades con la esperanza de encontrar un bien. Me parece que todo se pone en manos del devenir como si uno se sentara en el borde del camino esperando que la mejoría pase por su puerta y puede cogerla al vuelo. Y además, resulta que la paciencia es propia de la personalidad madura que soporta sin lamentarse y con la calma del que piensa que las cosas no dependen estrictamente de uno mismo.

Hay circunstancias en las que es inevitable lamentarse y quejarse para ser conscientes de la situación en la que uno se encuentra. Un lamento que no paralice, una queja que no se perpetúe y se estanque. Quejarse no es malo ni inmaduro cuando desde la consciencia del sufrimiento uno es capaz de ponerse a caminar.

 

Representación renacentista de la paciencia
Representación renacentista de la paciencia

No creo en una salud que se pierde o se encuentra por el azar. Casi todo tiene un porqué, casi todo es consecuencia de algo que debe ser cuando menos buscado aunque, nos resulte dificultoso de encontrar. También la ciencia y los científicos tenemos que hacer un ejercicio de humildad para asumir las incertidumbres en los mecanismos fisiopatológicos.

Creo que la enfermedad en determinadas circunstancias se presenta implacable pero, que en el difícil camino hacia la salud siempre uno puede hacer algo por recuperar, cultivar o asumir.

Teniendo en cuenta que a veces “el hacer” no es ejecutar una acción propiamente dicha. Considero que estoy “haciendo” cuando una escayola inmoviliza mi tobillo durante dos meses porque soy consciente de la necesidad del reposo para recuperar la funcionalidad.

Pero, no es “hacer” estar en una lista de espera de rehabilitación sabiendo que es algo recomendable para mi y que no llega porque no hay espacio. Sobre todo cuando es una cosa programada (todos saben que detrás de una inmovilización larga llega una rehabilitación necesaria) y cuando nadie te ha dado una pauta de lo que puedes ir ejercitando mientras tanto. En estas circunstancias no quiero que me recomienden paciencia.

 

Otra de mis denostadas frases favoritas es la de “no te preocupes, el tiempo lo cura todo”. Una expresión que considero tan ineficaz como fácil de decir. Tan poco constructiva como vacía.

El paso del tiempo en sí mismo no cura nada. Es más, quien sólo se dedique a esperar puede sentirse desesperado o incluso ver agravadas sus lesiones por la propia inactividad.

Lo que resulta sanador es el trabajo, del tipo que sea, para recuperar la funcionalidad o para asumir las inevitables secuelas o recomponer las pérdidas. Para eso a veces hay que buscar ayudas, quejarse, compartir angustias, superar los miedos, arriesgarse a probar y fallar, reintentar,… hacer. El tiempo haciendo es lo que sana.

 

Si bien como seres humanos recomiendo ser cautos al utilizar la palabra paciencia mucho más a los profesionales sanitarios. Casi todo el mundo desea restablecer su salud y espera de nosotros algo más: escucha, interés, exploración y análisis para poder indicar acciones y caminos para recuperar la salud perdida. No se espera que recomendemos paciencia o dejar pasar el tiempo. Medir nuestras palabras y evitar vaguedades puede ser una buena cosa.

Y como colectivo profesional, por lo que escucho a mis compañeros y por lo que leo en las redes parece que tampoco estamos para mucha paciencia. Llevamos tiempo escuchando como se les llena la boca a políticos y gestores de la importancia de la Atención Primaria, lo imprescindibles que somos para el sistema. Sin embargo, bajan los presupuestos, desaparece los sustitutos, se explota a los eventuales y los residentes que hemos formado cogen las maletas para buscar mejor acogida. Después de 30 años parece que el paso del tiempo nos enferma la Atención Primaria y como dice mi admirado Sergio Minué el 2015 es ahora o nunca. Parece que se nos está acabando la paciencia.

Con este panorama lo tengo claro, a mí, que no me receten paciencia.

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3 comentarios sobre “QUE NO ME RECETEN PACIENCIA (Maxi Gutiérrez)

    maribel escribió:
    05/01/2015 en 10:34

    Curiosa la representación del grabado de la paciencia. Lo que yo veo es un angel agazapado, encogido, abrazado al corderito, soportando el aliento del mal e impidiendo que el diablo lo devore.,,imagino que hasta que el diablo canse.
    Otra virtud haria que el ángel desplegara sus potentes alas (mucho más grandes que las del diablo) y expulsara al diablo al infierno para que el cordero pueda vivir, crecer y desarrolarse.¡Es tiempo de la justicia!

    Agustina escribió:
    06/01/2015 en 17:51

    Buenas reflexiones.

    csolaguibel escribió:
    08/01/2015 en 21:01

    Animo Maxi…un poco de paciencia

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