EL PRIVILEGIO DE ATENDER PERSONAS (Alberto Meléndez)

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En las últimas semanas he oído y leído (y hastaImagen escrito) el gran privilegio que supone para un profesional de atención primaria la atención a pacientes en fase de enfermedad avanzada. Damos vueltas y más vueltas a cómo es posible que esta actividad, sobre todo en su vertiente domiciliaria, esté siendo abandonada por los equipos de “cabecera” (bonito nombre…). Y protestamos porque “otros” estén ocupando un lugar que tradicionalmente ha sido “nuestro”. Y que nos van a dejar sólo para hacer volantes. Y qué malos son los del hospital… Y todo eso. Me reconozco en esos discursos. Yo confieso haberlos usado e impulsado…

Así, de esta forma, unos nos preguntamos cómo recuperar ese terreno. Otros aseguran que a muchos compañeros el quedarse para hacer papeles y poco más “ya les va bien”. Y ante esto, sacamos de nuestro repertorio de argumentos “lo maravilloso que es hacer este trabajo” e incluso pensamos que “mostrándonos como ejemplo” sumaremos adeptos a la causa…

No parece razonable que alguien desprecie privilegios sin más. Quizá sea necesario explicar algunas cosas que pocas veces explicamos:

1. muchas plazas de atención primaria son ocupadas por personas a las que nunca les gustó la atención primaria. Desde hace años, exceptuando honrosas excepciones, una persona con buen expediente y un examen MIR potente no escogía medicina de familia. Otros sí la escogen… como paso previo a hacer otra especialidad. Por otra parte enfermeras curtidas en el medio hospitalario pasan a atención primaria a “descansar de turnos”, sin reciclaje previo (para la vía inversa sí las reciclan) y con un entusiasmo por la primaria bastante escaso en general.

2. como todo el mundo sabe y nadie dice, un buen residente de una especialidad hospitalaria (que sea bueno con la especialidad.. o bueno con los especialistas) tendrá muchas oportunidades de quedarse en el servicio al acabar. Si no se “crece” con una plaza más, siempre hay un programa, proyecto, peonada… para hacer un hueco a un buen chico. Y la OPE, ya lo arreglaremos… Esto es un estímulo importante en estos residentes. En atención primaria, cuando un buen residente acaba en tu centro de salud, cena de despedida y ¡hala!, que tengas suerte y te hagan contratos de más de tres días y a lo mejor uno de esos toca por aquí…

3. igual que la función hace al miembro, los instrumentos que se otorgan para realizar nuestro trabajo condicionan cómo se hace este. La historia clínica informatizada es un ejemplo de ello; tiene un tope de caracteres (no caben relatos medianamente largos), todo tiene que colgar de un diagnóstico, los formularios no dan información sino que la cuantifican… En mi Comarca el tiempo destinado por la agenda informatizada para hacer un domicilio es 30 minutos. Ah. Por supuesto, a nadie parece que le importe demasiado el que la Historia no pueda ser consultada en el domicilio (perdón, esto es inexacto. Hospitalización a Domicilio sí puede…).

4. mientras el discurso que se traslada es el de atender a las personas lo que se nos piden son números, índices, indicadores. Así es más importante que quede registrado que “he hecho un domicilio” que escribir qué es lo que he hecho en él. Se habla del trabajo en equipo y se permite que haya centros donde las enfermeras trabajen “por tareas”, sin asignarse a un cupo…

5. atender a las personas es duro. Y atenderlas hasta el final de sus vidas (como dice el Dr. Bruera) no es un picnic. Atender a las personas supone poner de ti en cada intervención, en cada entrevista, en cada visita. Supone salir tocado, a veces hundido. Supone sorber las lágrimas cuando bajas corriendo hacia el coche. Supone dudar, confrontar, decir, callar…

En resumen; equipos formados por profesionales de vocación heterogénea, a los que les hablan de calidad pero les miden por la cantidad, sin instrumentos adecuados para hacer una labor… ¿nos extraña que “escapen” de ese supuesto privilegio?

Quizá cada uno de los cinco puntos mereciese un análisis mejor que este. Pero, con todo este panorama, ¿cómo creemos que van a ir las cosas? ¿Quién podrá saborear ese “privilegio” que decimos que es atender hasta el final a un enfermo y a su familia? ¿A costa de qué? ¿Quién querrá? ¿En nombre de quiénes hablamos cuando decimos que “la atención primaria” quiere, sabe, puede, está orientada a… atender a las personas?

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6 comentarios sobre “EL PRIVILEGIO DE ATENDER PERSONAS (Alberto Meléndez)

    maxigutierrez escribió:
    22/06/2014 en 13:39

    Comparto y aplaudo las limitaciones que expresas para visualizar como PRIVILEGIO la atención en el domicilio, es cierto:
    – la actitud de las personas
    – los mecanismos de selección
    – la tecnología
    – los indicadores de medición
    – y la propia “protección” personal
    …no nos ayudan en casi nada.
    También, creo, que estamos en un momento donde socialmente nos visitamos poco y nos aislamos mucho en nuestros casas. Es parte de nuestra intimidad y protección. Se acabaron los tiempos de puertas y casas abiertas a que el que pasa diga “¡¡Ah de la casa!!”. ¿No podrá influir también, en que nuestros pacientes (no los enfermos paliativos) se sientan recelosos de su “espacio íntimo”?.

    Lo cierto es que cuando he visitado domicilios de las personas a las que atiendo (generalmente por la presencia de un familiar mayor en la casa) comprendo mejor a cada uno y sus relaciones. Encuentro algunas claves explicativas que sólo en la consulta no acierto a ver. Así me lo enseño mi tutor de residente: la casa es una gran fuente de información.
    Y además, cuando la relación se establece en el domicilio parece que todo cambia… dejo de ser menos MEDICO y empiezo a ser mas DE FAMILIA.

    Gracias, Alberto. Sólo tu experiencia en la atención domiciliaria me permite replantearme todo esto.

      albertoenblogalta respondido:
      23/06/2014 en 19:29

      Gracias Maxi. Con una cosa no estoy de acuerdo; echar la culpa de los cambios sociales a la ausencia del equipo de cabecera… Seremos tímidos, “vascos”, “del Norte…” pero en general agradecemos enormemente que alguien “se encargue de nosotros”. Los domicilios, las familias, son pequeños mundos que se rigen con sus reglas. Verte a ti mismo como un “invitado”, “observador (que no juez)” de esos sistemas no sólo permite establecer relaciones de ayuda sino que además se aprende un montón sobre la vida…
      Gracias de nuevo.

    Fernando escribió:
    23/06/2014 en 15:28

    Que bueno escuchar estas cosas. Yo me apunto a lo de médico de familia. Reivindica ese magnífico servicio y esa manera de entenderlo. Que no calle tu voz

      albertoenblogalta respondido:
      23/06/2014 en 18:18

      Gracias Fernando. Mi voz no es nada si es una voz sola. Y a veces uno siente que va contra todo. Pero alguno como tú está siempre apoyando…
      Un abrazo.

    […] personas que sufren son nuestra razón de existir, que merecen nuestro esfuerzo. Y que al hacerlo crecemos como personas y como profesionales. Pero sin esperar grandes reconocimientos. Porque quizá sea mejor […]

    […] personas que sufren son nuestra razón de existir, que merecen nuestro esfuerzo. Y que al hacerlo crecemos como personas y como profesionales. Pero sin esperar grandes reconocimientos. Porque quizá sea mejor […]

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