TODOS SOMOS MIGRANTES Y EXTRANJEROS (Maxi Gutiérrez)

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Foto cedida por Luis Salgado

“Lo que tienen que aguantar con esta gente”, me dijo una paciente cuando se cruzó en la puerta de mi consulta con Janina, una mujer de Marruecos. Esto, es signo de una imagen que algunos se han encargado de ir creando para echar la culpa de muchas de las lacras de nuestro sistema sanitario a los inmigrantes.

Las personas que vienen de otros países no están más enfermos que la población autóctona, al contrario, sólo se plantean venir aquellos que están más fuertes, más sanos y en mejores condiciones para poder buscar una nueva vida aquí. La propia dureza de la inmigración se encarga de hacer su selección para que sólo lleguen los más sanos. Las enfermedades por las que consultan son las enfermedades banales más frecuentes en nuestro medio, similares a las del resto. Aunque es cierto que tienen más posibilidades de enfermar, a mi entender por dos razones fundamentales:

–  En muchos casos no han podido disfrutar de prácticas de salud preventivas como ocurre aquí: vacunaciones, revisiones de salud, cribados, educación en determinados hábitos… y la falta de educación conduce a la enfermedad.

–  Y además la exclusión social favorece la enfermedad física y sobre todo mental. Cuanto más deficientes son las condiciones de la vivienda, la alimentación y la situación laboral, más fácil es contraer enfermedades infecciosas, crónicas y accidentes. El aislamiento, la falta de apoyos familiares y la incertidumbre generan enfermedad mental en forma de ansiedad, depresión u otras patologías más graves.

Los inmigrantes no consultan más ni consumen más recursos que el resto de la población, lo dicen muchos estudios que se han realizado al respecto. Y desde luego no son los responsables de que nuestro sistema se esté haciendo insostenible, como dicen algunos. A mi entender no es un tema de sostenibilidad sino de redistribución y optimización de recursos estableciendo prioridades para algo tan importante como la salud. Es cierto que los inmigrantes tienen más dificultades para acceder a los servicios habituales por sus largas jornadas de trabajo y la falta de regularización de sus derechos. Esto les hace visitar con más frecuencia los servicios de urgencias o no respetar las pautas de seguimientos recomendadas. Si a eso añadimos la falta de conocimiento y costumbre para saber dónde acudir, la situación se agrava. images

Los problemas de comunicación con un idioma desconocido o apenas iniciado, generan una dificultad añadida que desespera al extranjero enfermo y al profesional que le atiende. A veces el traductor es un hijo pequeño o una persona cercana, ni siquiera familiar o amigo, al que hay que utilizar para contar cosas muy personales. Eso es indigno. Contamos con medios que nos ayudan a paliar la dificultad: Google Traductor es una buena idea o el teléfono de traducción simultanea aunque, un poco más engorroso. Ninguno tan fluido y amable como la conversación cara a cara.

No olvidemos que la salud es un derecho contemplado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que nuestro país tiene (o tenía) el privilegio de disponer de un sistema de aseguramiento público y universal. Que lo más preocupante de que deje de serlo no es que los que no accedan al sistema sanitario nos vayan a contagiar enfermedades sino que habrá personas a las que privaremos de un derecho fundamental y muchas veces vital.

Hace unos días recibí a Francisco un anciano procedente de Cádiz que venía con su esposa a quedarse a vivir en el barrio donde trabajo. Me costó entender algunas de sus palabras y expresiones. Su historia clínica de mi sistema informático estaba vacía. Olvidó sus informes en casa. Tomaba siete medicamentos crónicos, algunos con dudosa justificación. También me descolocó, me llevó tiempo conocer algo de él y de su vida, de sus intereses, aclarar algún diagnostico y sus tratamientos. Francisco no es extranjero pero, sí es migrante. Francisco es un paciente complejo, ¿por qué su atención no la ponemos en duda?

La consulta con la persona migrante (¡todos somos en algún momento migrantes y extranjeros!) no es fácil. Cuando voy con retraso, no comprendo el idioma o me cuesta aclarar sus problemas de salud, me desespero. Pero, ya no estamos en momentos de hacer guías de atención ni protocolos para inmigrantes. Tratemos a cada cual como una persona única, con sus antecedentes y condicionantes propios que nos harán tomar una actitud para su caso, diferente a la del resto. Claro, para eso, necesitamos formación, sensibilidad, tiempo y, una vez más, contemplar lo bio, lo psico y lo social.

Quiero agradecer la invitación a impartir el taller salud e inmigración en la iniciativa “No me llames extranjero” de la Diócesis de Vitoria que me ha permitido reflexionar sobre este tema.

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4 comentarios sobre “TODOS SOMOS MIGRANTES Y EXTRANJEROS (Maxi Gutiérrez)

    Fernando escribió:
    02/06/2014 en 15:46

    La canción canta por sí misma lo mismo que tu canto.

    No me llames extranjero, porque haya nacido lejos
    O porque tenga otro nombre, la tierra de donde vengo,
    No me llames extranjero, porque fue distinto el seno
    O porque acuno mi infancia, otro idioma de los cuentos

    No me llames extranjero, si del amor de una madre
    Tuvimos la misma luz, en el canto y en el beso
    Con que nos sueñan iguales, las madres contra su pecho,

    No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo,
    Mejor saber donde vamos, a donde nos lleva el tiempo
    No me llames extranjero, porque tu pan y tu fuego
    Calman mi hambre y mi frió, y me cobija tu techo

    No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo
    Tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego
    Y el hambre no avisa nunca, y ve cambiando de dueño

    Facundo:
    (Y me llamas extranjero porque me trajo un camino
    Porque nací en otro pueblo, porque conocí otros mares
    Y un día zarpe de otro puerto, si siempre quedan iguales
    El adiós, los pañuelos, las pupilas borrosas de los que
    Dejamos lejos, los amigos que nos nombran,
    Y son iguales los rezos y el amor de la que sueña
    Con el día del regreso. No, no me llames extranjero
    Traemos el mismo grito, el mismo cansancio,
    Viejo que viene arrastrando el hombre desde
    El fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras
    Antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
    Los que roban, los que mienten,
    Los que venden nuestros sueños, ellos son
    Los que inventaron esta palabra, “Extranjero”)

    Alberto:
    No me llames extranjero, que es una palabra triste
    Es una palabra helada, huele a olvido y a destierro
    No me llames extranjero, mira tu niño y el mío
    Como corren de la mano, hasta el final del sendero

    No lo llames extranjeros, ellos no saben de idiomas,
    De limites y banderas, míralos se van al cielo
    Con una risa paloma, que los reúne en el vuelo

    No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mío
    El cuerpo lleno de balas, besando de muerte el suelo
    Ellos no eran extranjeros, se conocían de siempre
    Por la libertad eterna, igual de libres murieron

    No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
    Mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
    Y veras que soy un hombre, no puedo ser extranjero
    No me llames extranjero.

    La Carpeta Azul escribió:
    03/06/2014 en 21:44

    Real, sincero, claro y cercano. Una fantástica reflexión.

      maxigutierrez respondido:
      03/06/2014 en 22:31

      Real?: en la realidad nos pone el día a día de la consulta, a pie de calle, palpando muchos sufrimientos y algunas gratificaciones
      Sincero?: es lo que me sale, fruto de mucho trabajo previo y mucha sensibilización en la que contribuís muchos (Gracias por tus imágenes!!)
      Claro?: La vida se presenta clara cuando uno tiene los ojos y el espíritu abierto para mirarla. ¡Hay que ejercitar mucho la atención!
      Cercano?: Sólo puede ser cuando te has sentido extranjero y cuando el que pasa al lado no lo ves como inmigrante sino como persona.
      Me alegro…

    Imanol escribió:
    04/06/2014 en 10:06

    Muy bien descrito Maxi, demasiados prejuicios, la mayoría por desconocimiento. Pensemos en cómo nos comportaríamos nosotros en esas circunstancias.
    Un abrazo

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