UNA HISTORIA REAL (Alberto Meléndez)

Posted on Actualizado enn

Todos están nerviosos. Aitor ya está en casa. Le dieron de alta el viernes pasado. Me lo ha dicho su tía que ha venido a por recetas esta tarde. Tendremos que ir a verle.
Aitor tiene 5 años. Yo nunca le he visto bien. Pero en los dos últimos años casi ni lo he visto. Y eso que este pueblo es pequeño. Pero Aitor desde que nació ha estado yendo a médicos, hospitales, semanas enteras de tratamiento… Cada vez que estaba una temporadaaquí y venían a algo (recetas, a veces gasas u otrascosas similares) se establecía una tensióndifícil de explicar. Una tensión que desaparecía cuando volvían a irse.

Imagen

No sabemos muy bien qué tiene. No sé si alguien lo sabe en realidad. Pero no pinta bien. De hecho los padres cuando vienen se muestran hoscos y huidizos. Apenas hablan con nosotros. Por eso suele venir la tía.

Pero creo que hay que ir a verle. Y así se lo digo a la enfermera. Ella es nueva, así que asiente y va al ordenador a ver la historia. Cuando vuelve la noto tensa. Ha llamado a la madre de Aitor para decir que vamos. Al principio ha puesto excusas. Que llevará ella los informes. Que ahora duerme, que para qué, que ya viene ella, que manda a su hermana… La enfermera insiste y consigue que acepte una visita breve. No queremos cansarle.
Vamos. Ahora el tenso soy yo. Me fastidia un poco que no quiera que vayamos. Para mí tampoco es fácil… Llueve. Lo que faltaba.
Llamamos desde el portal. Abren sin más. Entramos. Subimos.
Nos abre la puerta la madre de Aitor. Se la ve cansada. Fuerza una sonrisa pero las ojeras son llamativas. En sus manos una carpeta enorme llena de informes y alguna radiografía. Me las tiende. Las dejo sobre la mesa y la enfermera le pregunta no sé qué de un reservorio. Con la puerta entreabierta del salón veo un carrito. Entro. Aitor está en él. Me pongo de cuclillas, le acaricio la carita algo hinchada. ¿Cómo estás, Aitortxu? Me mira y se despereza. Sonríe. Sólo su tamaño, demasiado grande para esa sillita, hacen pensar en que algo no está bien…
Después de unos minutos en los que jugueteo con Aitor, me vuelvo hacia su madre y hacia la enfermera. ¿Antes no me había fijado? Detrás de las ojeras hay unos ojos muy rojos, con lágrimas asomando. Debe ser tan duro… Hablamos. Vendremos a verle regularmente. Antes de irnos, entramos a despedirnos de Aitor. Ahora duerme.
Dos días después la madre de Aitor ha estado con la enfermera. Venía a por unas recetas y unos apósitos. Han estado un rato charlando. Yo apenas he podido saludarle. Pero me ha sonreído. Al final del día me cuenta la enfermera. Emocionada, la madre de Aitor le explica que en los últimos meses han tenido decenas de consultas. Y hasta el otro día, todo se había centrado en los informes, en las radiografías. Hasta el otro día ningún médico se había acercado a Aitor. Nadie le había tocado salvo para sacarle sangre. Nadie le había hablado. Ya no esperaba nada. Y eso que hicimos nosotros era mucho…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s