DISTANCIAS Y MEDIDAS (Maxi Gutiérrez)

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Conscientes de la importancia de la medida justa, medimos sin parar. Medimos lo que hacemos, lo que decimos, lo que encajamos y a veces medimos hasta lo que pensamos. Tengo la impresión de no ser preciso en mis medidas, de pasarme por exceso o por defecto y terminar pensando que el resultado no ha sido el correcto por un error de medida en la distancia oportuna.

Algo parecido pasa en la consulta.

En la acogida se marcan unas distancias a veces muy condicionadas por factores externos y materiales. La mesa y el ordenador, la consulta anterior y los minutos de retraso, la prisas o las interrupciones son algunas de las primeras barreras. A veces utilizadas como inevitables y otras como excusas perfectas.

La anamnesis, las preguntas y el diálogo, verbal y no verbal, establecen un juego donde pactamos una distancia razonable para entendernos. Un juego donde uno empuja y el otro contiene, donde uno tira y el otro se resiste.

Y la exploración física que muchas veces implica acercamiento, visualización, palpación y audición cambia el juego de las distancias. Nada igual si el que lo recibe se deja o se resiste y tampoco nada igual si el que practica respeta o invade.

Pocas cosas tan difíciles como ésta: conseguir en la consulta una distancia ajustada, medida, suficiente y necesaria. Consciente de que la distancia no la pone uno sólo, que es cosa de dos o de más cuando en la relación intervienen familiares y acompañantes, ansío ser hábil para que el paciente sienta la posibilidad de acercarse y ser respetuoso para asumir que hay un distancia que no debo superar. No es sólo cosa mía pero, me siento responsable de mi parte.

Todo esto se complica por no ser un puro encuentro de relación social. Aquí entra en juego la relación de ayuda, el encuentro en el que el otro se siente sanado, aliviado o acompañado. Esta relación sólo se producirá si se establece una correcta distancia terapéutica. Una distancia sobre la que nadie puede hacer protocolos o predicciones porque la variabilidad es inmensa. Me sorprende tanto cuando escucho que profesional y paciente lloran juntos una pérdida como cuando un sanitario no se encuentra conmovido por las duras situaciones que se ponen sobre la mesa. Hacer juicios sobre ambas es tan inevitable como injusto. La distancia terapéutica hay que marcarla en cada encuentro y con cada persona.

De la misma manera que esa distancia permite la relación de ayuda también facilita la protección del profesional que pone de sí lo necesario pero, sólo lo suficiente para salvarse de tantos sufrimientos que deambulan por la consulta.

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Cuando esa distancia mágica se ajusta a lo terapéutico entonces se produce el milagro y la satisfacción de sanar respetando espacios. Este tema de las medidas y las distancias es así de gratificante y así de complicado.

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Un comentario sobre “DISTANCIAS Y MEDIDAS (Maxi Gutiérrez)

    […] y proponer unos cuidados acompañados. Pero, ¡qué difícil resulta cuando la amistad impide poner una justa distancia!, ¡qué complicado cuando el miedo a la pérdida se apodera de nuestra ciencia!. Al fin y al […]

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