SILENCIO (Maxi Gutiérrez)

Posted on Actualizado enn

Están siendo meses de intenso trabajo y mucho silencio. Silencio en este blog. Silencio por falta de encuentros. Silencio entre tanto desconcierto. ¿Sabéis cuántas veces en este tiempo de silencio he pensado en levantar mi voz? Muchas. 

Os confieso que han sido momentos de asombro, algunos de rabia, otros muchos de angustia y unos pocos para pedir ayuda. Todos finalmente cerrados con el pensamiento simple de “no merece la pena decir nada”. Solo pude compartiros la experiencia de los 96 días en aquel regalo que hizo mi equipo. Hoy pienso en por qué tanto silencio.

Quizás ha habido demasiado ruido para poder hablar con calma. Ruido interior, sin duda. Ruido que no te deja vivir en paz. Y ruido exterior de tantos que tienen y quieren decirlo todo cuando la realidad se empeña en demostrar que apenas sabemos nada. Esa realidad que nos brinda humildad a borbotones.

Presenciar el sufrimiento humano produce silencio. La angustia de quien enferma y la terrible situación de su familia en impuesta lejanía, me han producido silencio. Un silencio profundo del que no se atreve a mover un paso por miedo a incomodar al verdadero protagonista. Por respeto, por impotencia o quizás por miedo.

Pueden haber sido los pasos inciertos. Como cuando caminas por un puente colgante en que estás más atento a dónde posar el pie que a abrir la mirada al horizonte. Ese sentimiento de perplejidad cuando escuchas la seguridad del político de turno frente a la incertidumbre que se palpa en la consulta cada día, que nos aplasta a los que nos sentimos científicos.

También ha jugado un papel importante las dudas con las opciones, medidas y recomendaciones que se han ido desgranando. Consciente de que los humanos tenemos el impulso lógico a hacer y la necesidad de sentir que nuestras acciones pueden cambiar el ritmo de la historia. Pero también, sintiendo una profunda rebeldía ante el hacer sin pensar, la acción sin reflexión y la orden sin explicación. 

Por supuesto, acepto que también el silencio es fruto de no disponer de grandes propuestas ni respuestas. Ni tenerlas ni quererlas. Sin envidiar a los que tenían la responsabilidad de darlas.

Silencio por cansancio. El cansancio físico siempre presente del hacer sin parar. El cansancio profundo del que no ve final, que no ve luz y desespera.

Y el miedo. Ese miedo omnipotentemente presente en las situaciones complejas. Miedo a la enfermedad. Miedo a la pérdida. Miedo a contagiar. Miedo al futuro. Miedo. Miedo. Miedo que se palpa en todos y en todo, que se trasmite y se queda pegado. Miedo que paraliza y hace callar.

No quiero quitarme responsabilidad: el silencio como huida. Ha podido haber momentos en que el clima de los debates y la falta de avances me han hecho retirarme de la conversación aún a riesgo de que solo se escucharan otras voces. Voces que se quedan solas y parecen únicas.

En este tiempo de silencio he pretendido acompañar y aliviar el camino. Disponer la organización y los escasos recursos a mi alcance para generar espacios de cuidado. Ejercitar la compasión y la humildad. Afianzarme a lo cercano y los cercanos. Recuperar la esperanza perdida y donarla como regalo incierto. 

Y todo ello, con dudoso éxito porque la pandemia me va imponiendo sus olas y no siempre he sido capaz. 

Quiero manifestar mi respeto y mi agradecimiento a tantos silencios positivos y constructores de comunidad. A esa mayoría que ha hecho y sigue haciendo lo que le toca. Profesionales y ciudadanos callados que construyen comunidad. Sin hablar exclusivamente de sanitarios, que efectivamente hemos hecho lo que nos ha tocado. Hay que hablar de todos. Porque si algo nos ha demostrado este tiempo es que el mundo rueda por la voluntad y el compromiso de muchos.

Busquemos nuevas oportunidades para romper el silencio. Establezcamos nuevas conversaciones donde (como dice Guadalupe Nogues) promovamos el pluralismo, separemos las ideas de las personas y escuchemos las voces del disenso para llegar a un nuevo consenso.

Esta charla TED ha llegado  a mis manos a través de Alberto Melendez para completar esta entrada sobre silencios y conversaciones para quien quiera seguir profundizando en ello

LUGAR DE PAZ (Colaboración de Nerea Alonso)

Posted on

Unax viene a ver a Nerea, la psicóloga de nuestro equipo. Unax tiene 13 años y la pérdida de su abuelo Jesús ha provocado en él un pequeño terremoto interior. Poco a poco recompone su mundo. Y aparecen en él lugares nuevos, como este “Lugar de Paz”. Nerea nos lo cuenta.

Como sociedad, podemos y debemos dar espacio, permiso para pensar y reflexionar sobre lo que necesitamos respecto a la muerte. Si tenemos la oportunidad para hablar de ello, podemos incluso llegar a conectar con nuestra capacidad de imaginación, creando mundos y escenarios donde nuestros deseos y necesidades, se convierten en realidad. Unax, lo hizo:

– Así que no quieres ir al cementerio a visitar a tu abuelo… ¿y eso?

– Es un lugar triste, lúgubre. ¡Es que no apetece ir allí…!

– Ya… entiendo… a mucha gente le resulta difícil ir. Quizás si fuera distinto… ¿a ti cómo te gustaría que fuera un cementerio?

– No sé… pues, por ejemplo, que no esté rodeado de unas vallas viejas y oxidadas sino un muro blanco. Algo más bonito. Y que no tenga esas puertas que dan miedo. Tendría que tener unas puertas de madera. De madera clarita. Con un arco en la entrada para que se vea que estás entrando en un sitio especial. Y para acceder a él, que fuera a través de un camino de piedras. ¿Sabes esos caminos hechos con piedras pequeñas e irregulares? Pues uno de esos. Sí. Y a los lados del camino, riachuelos en los que vivan peces de colores; ¡sobre todo, naranjas! Y también habría palomas. Pero sólo palomas blancas, que son las más bonitas.

– Parece un sitio muy especial.

– ¡Ah! Y que todo estuviera rodeado de césped. Todo verde. Y con aspersores para que siempre estuviera regado. Sería todo blanco, verde y de madera. ¡Y pondría muchos árboles! ¡Esos que tienen unas flores rosas muy bonitas!

– ¿Cerezos japoneses?

– ¡Sí, esos! Y bancos de madera, la misma madera que la puerta, para que la gente se pudiera sentar tranquila. Y en un lateral de los bancos, una cajita con pañuelos como los que tienes aquí en el despacho por si la gente que se siente tiene ganas de llorar porque seguramente estén tristes.

– ¡Qué buena idea!

– Y las tumbas serían negras y con las letras doradas… ¡no! Con las letras plateadas. Y tendría que haber alguien que se encargara de que cuando las flores de las tumbas se marchiten, las retiren.

– Podría ser la misma persona que se encarga de mantener el jardín y reponer los pañuelos de papel.

– ¡Vale! Y también podría pintar el muro de blanco cuando se vaya estropeando con el paso del tiempo. ¡¿Y sabes qué podría hacer?! Por las mañanas podría echar alpiste en la entrada del cementerio y así vendrían pajaritos. Las palomas blancas. Y cuando la gente fuera llegando a visitar a sus familiares, sentirían que están llegando a un lugar especial y alegre.

– Me encanta tu idea Unax… qué recibimiento más bonito…

– Y esa persona conocería a la gente y les saludaría por su nombre.

– Esa persona sería alguien muy importante y con mucha responsabilidad, ¡vamos a tener que cuidarle mucho y ponerle un buen sueldo!

– Sí, por supuesto. Y le podríamos construir una casita de madera en un rincón discreto del cementerio, junto al muro blanco. Se llamaría Alfredo. Y la caseta, el “rincón de Alfredo”.

– Alfredo… Alfredo va a ser muy importante. Oye Unax, ¿y cómo llamarías a este lugar?

– No sé… (sonríe sonrojado). Creo que lo llamaría “Lugar de Paz” porque es un sitio donde la gente estaría a gusto y tranquila. Estaría escrito en un letrero hecho de madera y colgado con unas cadenas del arco de la entrada.

– ¿Y pondrías música?

– No. Porque es un lugar de paz. De hecho, habría carteles rogando silencio. ¡No, mejor aún! Habría un detector que cuando alguien hablase un poco alto, se oiría una voz que dijera “Por favor, se ruega silencio”. ¡Sí, eso es!

– ¡No le falta detalle a este cementerio! ¿Le pondrías algo más?

– Sí: una fuente para beber y luego otra decorativa de una figura de una madre con dos hijos, uno en cada brazo. Y de esa fuente saldrían varios conductos con agua donde vivirían peces naranjas. Y al lado del cementerio, una floristería hecha con cristaleras para que se vieran todas las flores que hay dentro.

– Agua, hierba, naturaleza, flores, luz…

– Y pondría una cosa más: ¡toldos! Porque en Vitoria llueve mucho y así la gente podría taparse para estar el tiempo que quisieran.

– ¿Y dónde te gustaría que estuviera ubicado un lugar tan especial?

– No lo pondría a las afueras. Tendría que estar dentro de la ciudad, pero en un sitio un poco apartado y tranquilo, donde no hubiera ruido pero que esté cerca para que la gente pueda acudir fácilmente.

– ¿Sabes? Estoy pensando que me gustaría que me enterraran en un sitio así cuando me muera. Y me gustaría visitar a mis seres queridos en un lugar como el que has creado.

– Cuando alguien muriera, lo enterraría Alfredo así que tenemos que comprarle una pala. Y también sería él quien hablase en la ceremonia. Y todo el mundo tendría que ir de blanco en lugar de negro u oscuro porque no queremos que sea un lugar triste.

Ni el arquitecto más prestigioso del mundo lo habría diseñado mejor…

Gracias Unax por imaginar y crear un lugar de paz.

Lugar de Paz creado por Unax en la consulta de Nerea

TIENE NOMBRE DE REINA (Alberto Meléndez)

Posted on Actualizado enn

Hoy es el Día Mundial de los Cuidados Paliativos. #mycaremyconfort Mi Cuidado Mi confort. Y quiero hablaros de ella.

Tiene nombre de Reina. Y porte de Reina. La cuidan “como a una Reina”. No lleva corona, pero su regia cabecita está coronada por cabellos plateados que en nada envidian a las joyas…

Porque tiene nombre de Reina. Pero no de esas Reinas de las revistas o de los telediarios. Tiene nombre de Reina Maga. De las que sirven, cuidan, aman… De las que viajan lo que haga falta para servir de rodillas al que más lo necesite. De esas que no se sorprenden de los milagros diarios que brotan a su alrededor. Milagros que no se compran. Que se comparten y crecen.

Tiene nombre de Reina. Y su trono ahora es una cama eléctrica desde donde reina con la misma paz que lo hacía en su castillo. Porque sus hijos y demás siervos han adecuado esta habitación del Hospital para que siga reinando también ahora, también en su despedida.

Reyes Magos - Wikipedia, la enciclopedia libre

No ha sido fácil, no. Ella es Reina, pero su Reino no es de este mundo, de este Estado, de este Sistema.

Rígidos protocolos amenazan de vez en cuando sus privilegios regios. Pero todo es posible cuando eres Reina; sobre todo cuando tu reinado no es de orden o de mando, sino de petición amable y sonrisa.

Tiene nombre de Reina. No quiere tubos, ni pruebas, ni cantos. Sí quiere caricias, palabras susurradas, oraciones nocturnas leídas una y otra vez escuchadas como si fuera la primera…

Tiene nombre de Reina y se está marchando. Sigue a su estrella, disfrutando el camino pero anhelando la meta. Deja un gran legado, herederos de inmaculada frescura y sabio consejo. Que continuarán su reinado para que siervos como nosotros podamos seguir trabajando, escribiendo, viviendo… Cuidando.

Es el día mundial de los cuidados paliativos. Y ella tiene nombre de Reina. Pero su Reino no es de este Mundo.

infoPaliativos | Portal informativo sobre Cuidados Paliativos, avalado por  la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL)

A PROPÓSITO DE ABRAZOS… (Colaboración de María Aparicio)

Posted on

Hoy Fátima me ha pedido que le diera un abrazo. Fátima es la mujer de John. Fátima es portuguesa, pero vivió de pequeña en España y de joven inmigró para Reino Unido.

Yo soy española, viví en Portugal y hace unos pocos años, no tan joven, inmigré también para Reino Unido. Rápidamente hay empatía, compasión o conexión que facilita la relación terapéutica, donde la comunicación fluye suavemente al compás de las 3 lenguas y de lo mucho que las culturas unen. 

Hoy, domingo, día 3 de Mayo, fui a visitarles en horario de urgencia. John esta malito, viviendo sus últimas horas con el maravilloso y acogedor apoyo de su mujer y de su hija. Me pongo toda la parafernalia del EPI: mascarillas, lo de los pies, el delantal, los guantes…

Visita fácil: esta tranquilo, le doy SOS porque tiene más secreciones, aumento un poco la medicación del infusor, refuerzo y enseño cómo hacer higiene oral. Le reitero que no está solo, que está en su casa rodeado de los suyos. Y que los suyos le quieren y quedarán bien. 

Me siento con Fátima y con su hija. Aunque hemos mantenido el apoyo telefónico, ya hacía que no nos veíamos. Maldita pandemia.  Las palabras sobran. Refuerzo lo bien que lo están cuidando. La lengua y la pasión de la sangre española dominan. Ya está todo dicho. Me muestran con cariño las fotos de la boda de ésta, su única hija, que adelantaron para que John pudiera asistir: ¡Que orgullo de momento! 

Me despido. Me quito la dichosa parafernalia del EPI ya en la puerta. Me vuelvo a despedir. 

Fátima me dice: “Anda Maria, dame un abrazo!”. El alma se me encoge y se me rompe a pedacitos pequeños y se me caen todos al suelo… En mi cabeza hacen eco las palabras de mi jefe seriamente mirándome a los ojos: “nada de abrazos, ni besos, ni apretones de manos…y distancia social”

“Fátima… no puedo…” 

“¡Ay! ¡Es verdad! ¡Perdona!“

Me voy. (Le he dado un abrazo inventado que es básicamente un restriego de espaldas). Pero me voy destrozada, sin alma, con el corazón encogido y con lágrimas que no paran de caer mientras conduzco de vuelta. Y que vuelven a caer cada vez que recuerdo el momento…

¡Maldita pandemia!

John murió esa noche. Las dos lo sabíamos.

Le debo ese abrazo. Y los que hagan falta. (Bueno, y tomarme un vino y un queso con ella). Me he prometido que nunca más niego un abrazo.  Porque un abrazo pedido y negado es peor que cualquier virus y duele más que un puñetazo. 

Porque todavía no me he perdonado por ese abrazo no dado. 

Abrazos. Abraza. Déjate abrazar. Vuelve a abrazar. Abrazos.

Con mascarilla. Pero ABRAZA. 

Fotos gratis : persona, chico, juntos, niños, fotografía, Hermanos ...

(María Aparicio es amiga y enfermera que trabaja en St Christopher´s Hospice de Londres. Al leer la entrada que le precede nos envió este sincero relato que hemos querido incluirlo como la colaboración que sintoniza con una manera de hacer. Se trata de un relato real con nombres reales que los protagonistas han aceptado que así fuera. Gracias María. Profesionales como tú sois imprescindibles)

EDER TIENE UNA TEORÍA (Alberto Meléndez)

Posted on Actualizado enn

Eder tiene una teoría. Disparatada cuando menos. Un poco tonta. Iba a decir infantil. Pero claro, Eder tiene 10 años…

Eder se lo ha contado a Nerea, su psicóloga. Bueno, creo que es algo más que eso. Asier le cuenta a Nerea cosas que no le cuenta a nadie. Le confía secretos, o “secretillos”. Comparten ratos de confidencias y algún que otro dolor. Travesuras de niño, dolores de adulto. Y alguna teoría.

Hoy le ha contado a Nerea un descubrimiento. Si te abrazas fuerte fuerte con alguien, tu corazón y sus “venas” se abren, entrando en él de forma inmediata el corazón y las “venas” de la otra persona. “Como las carreteras pequeñas que se abren a una autopista”. Pues así. Y claro, eso “te da una fuerza…”. Es que el hermanito de Eder falleció en sus brazos. En sus últimos momentos, los aitas de Eder (con la sabiduría que sólo da el amor) permitieron ese abrazo. Porque él le daba paz. Porque a ellos les daba paz. Para que se fuera con paz…

el corazón compartido – Los cuentos del hada Jengibre.

Con ese abrazo, Eder siente que se le ensanchó el corazón, que se le abrieron las venas. Que le inunda una fuerza que seguro viene de ahí.

“Ni un catarro en todo el invierno” dice orgulloso. Nerea sonríe. “A lo mejor me ha hecho inmortal, ¿no crees?”, casi grita Eder, un poco provocador. Nerea frunce el ceño. “Eh, no te vengas arriba, Eder…”. Y sonríe.

Y, en el fondo, Nerea sabe que Eder, un poquito, sí ha vencido a la muerte. Y, en el fondo, sabe que los abrazos ensanchan el corazón. Que negar o reprimir abrazos (como nos está pasando) tendrá consecuencias nada buenas. Que corazones y venas, como carreteras, no tienen sentido si no es para abrirse al otro, nutriendo y siendo nutrido. Aunque a veces duela.

Y, en el fondo…

Nerea piensa que, a lo mejor, no es tan descabellada la teoría…

(Esta entrada la he escrito junto con Nerea. Que sabe como nadie de corazones, de abrazos, de vida. Gracias)

Y cuando Eder la ha leído con sus aitas, nos ha pedido que usemos su nombre real. Eder. Que significa “hermoso”. Como su teoría. Como él…