SALUD DE PUERTAS ABIERTAS AL BARRIO (Maxi Gutiérrez)

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IMG_1548Un centro de salud lleno de niños en un barrio joven como en el que trabajo no es nada anormal. Desde antes de llegar a este mundo ya deambulan en los úteros de sus madres por los espacios sanitarios en lo que hemos convertido el “embarazo normal”. Y desde casi el día siguiente al alta hospitalaria, circulan en sus carritos mientras sus progenitores aprenden eso de ser padres y madres. Y les revisamos. Y les revisamos más.

Hoy no, hoy vienen al centro de salud en grupo. Del colegio al centro de salud. Acompañados por sus docentes y no por sus madres y padres. Vienen a primera hora, aún desperezándose y con la esperable algarabía que provoca la salida del centro escolar. Apenas una calle recorrida. Vienen con ojos y oídos atentos.

Les recibimos en la puerta diferentes profesionales para darles la bienvenida a lo que queremos sea el centro de salud de todos. A invitarles a encontrarse con un centro de salud diferente al que están acostumbrados a visitar. Conocer a las personas y el trabajo que desarrollamos.

Así vamos pasando por los diferentes lugares, conociendo lo que se hace allí y dejándose seducir por la tecnología sanitaria que extrae sangre, trata una lesión cutánea o atiende una emergencia sanitaria. Y los ojos se agrandan.

En las consultas de enfermería y de medicina tenemos tiempo para enseñarles cómo trascurren las cosas con ejemplos concretos. Y enseguida surgen las experiencias que tienen y cómo se sienten cuando acuden.

También hay tiempo para conocer las instalaciones que acondicionan nuestro edificio. Entre calderas, circuitos y tuberías también se genera la curiosidad y la sorpresa.

Por último, un tiempo para hablar y despejar dudas con los profesionales. Para aprender cómo solicitar cita, cómo buscar una atención urgente o cómo utilizar los recursos sanitarios de forma adecuada. También para saber cómo uno puede hacerse profesional de la enfermería, de la medicina o del área administrativa. Así poco a poco, vamos aclarando algunas cuestiones y preocupaciones que ellos nos expresan.

 

Nos despedimos con la sensación de que hemos avanzado en cercanía. Esa es la filosofía que está detrás de una experiencia así: abrir puertas para conocernos porque conocernos nos ayudará a entendernos y a valorarnos.

Porque si un centro de salud no está para establecer contactos y alianzas ¿cómo puede generar bienestar y salud a su alrededor?.

Si un centro de salud no se preocupa de explicar lo que hace y por qué lo hace ¿cómo conseguirá hacerse entender entre los suyos?.

En ello estamos, acercando espacios y personas conscientes de que la salud sobre todo se genera y se mantiene de puertas afuera del sistema sanitario.

SUFRIR ¿PARA QUÉ? Alberto Meléndez

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Sufrir tiene mala prensa. Y en nuestro trabajo se vive de una forma especial. A diario personas cuidadoras, familiares de enfermos en fase final de vida nos piden que acabemos con “el sufrimiento” de su familiar, que “qué sentido tiene verles así“. A veces de forma tímida, cuando la relación es más cercana y la confianza les da permiso para ello. Otras veces a bocajarro, casi antes del primer saludo, como algo que les hierve en la garganta y han de soltarlo de inmediato. Mientras ha habido una prueba pendiente, un tratamiento que quizá funcione, una cita de revisión, incluso un síntoma muy hiriente al que agarrarse… Cuando todo eso desaparece emerge la pregunta; “Y esto ahora, ¿para qué?”.

Algunas veces es evidente que el sufrimiento percibido en el enfermo es el propio (familiares, profesionales…). La contemplación de la muerte cercana, la ausencia de control, la incertidumbre… se vuelven intolerables en uno mismo. La única forma de evitar esta sensación es que finalice lo que la produce. La razón no alcanza a responder a la pregunta; “¿para qué?”. Y se invocan leyes futuras, países cercanos o lejanos, películas de éxito, mártires y verdugos. Y se pone en el enfermo un sufrimiento que no está en él sino en uno mismo.

Otras veces es Question-About-Suffering1el paciente quien manifiesta que ya no quiere seguir así. Que ya vale. Que no quiere ser testigo de su propio declive, que no quiere tener a sus seres queridos a merced de sus necesidades, cada vez mayores. Y se hace duro sostener la mirada. Y faltan palabras, razones. A mí me faltan. Mis creencias me valen. A mí. Así que sello mi compromiso con la persona; haré lo posible por mejorar el “así”… Y deseo de corazón que podamos conseguir todo el confort posible para que aparezca el sentido, para que se obre el milagro

No tengo la respuesta. Creí tenerla cuando empecé en esto, cuando había más teoría que práctica, más ideología que reflexión, más atención que compasión…  Pero a base de práctica, de reflexión, de compasión puedo decir con humildad que no sé qué sentido tiene en cada caso, pero dentro de mí aparece una certeza tenue (¿puede ser tenue una certeza?). SÉ que tiene sentido. Que algunas veces se nos hace visible y otras no. Que la posibilidad de cuidar y de ser cuidado abre espacios de autenticidad que no aparecerían de otra forma. Que es un misterio sobre el que las palabras valen más bien poco. Y que nuestra misión como profesionales de la salud es apartar todo el sufrimiento evitable para que las personas a las que atendemos puedan hacer su camino.

Leo y releo lo escrito. Me percibo absurdo en la explicación.

No pretendo convencer. Sólo poner mi experiencia y mi reflexión que creo honesta y desprovista de prejuicios. Evidentemente que en ella va mi historia, mis creencias… He sido testigo de cosas preciosas, experiencias maravillosas que no se hubiesen dado si alguien hubiera decidido intervenir en el proceso por evitar un sufrimiento que sin ser “bueno” a veces es sanador…

Con esa humildad lo cuento. Quizá no debería hacerlo, quizá no haya palabras… Yo a veces no las encuentro.

¿POR QUÉ NO CELEBRAMOS MAS LO QUE TENEMOS? (Maxi Gutiérrez) en el Día de la Atención Primaria

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IMG_4762Hoy la mañana se presenta tranquila. La agenda está despejada a primera hora pero, en este trabajo nunca se sabe cómo terminará el día. Un vistazo a los pacientes para reconocer algunos nombres y hacerme una idea de por dónde irán las cosas hoy.

La visita de las responsable del área administrativa suele ser habitual. Siempre atenta a todo lo que pasa en el centro, repasando las agendas y las ausencias, organizando las reclamaciones, pendiente de cada miembro del equipo. Sin ella sería imposible.

Repasar, reponer y colocar la consulta para que todo esté listo y que cada uno de los que entren por la puerta encuentren ayuda de forma ágil y eficaz.

IMG_4761La primera paciente del día tenía una cita concertada. Su infección respiratoria se ha complicado con afectación bronquial y precisa un tratamiento y un seguimiento más intensivo. La auscultación tiene que ser exhaustiva para poder determinar si la evolución está siendo satisfactoria aunque, la expresión de su cara lo dice todo y sonríe cuando le digo “Palmira ¡hoy sí que traes otra cara!”.

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Pasa Ana Rosa que no ha podido dormir en toda la noche por un dolor de oídos. Sin embargo, no ha tomado ningún tratamiento. Prefiere venir para que le diga lo que tiene… o lo que no tiene, quién sabe.

 

 

IMG_4764La tercera es Margarita que, exhausta lanza sobre mi mesa un papel con algunas manchas de grasa donde se leen hileras de cifras. “Ahí tienes las glucosas de la amatxo… que no hacemos carrera!”. Y seguimos ajustando las cifras de insulina mientras hablamos de la imposible dieta y de los disgustos y cansancios de la vida.

Y después entra Mikel que comienza hablando de la vasectomía y terminamos compartiendo las desesperaciones de un padre al que nunca le explicaron qué era aquello de convivir con un bebé.

Va pasando la mañana y el ordenador bien parece la pantalla vibrante del aeropuerto que anuncia las próximas salidas de vuelos; siempre interminables. Un sintrom ® desajustado viene de manos de la enfermera. Y apenas nos da tiempo a un pequeño descanso para reponer fueras y relajar esfínteres mientras la sala del café rebosa de bullicio por la última anécdota de mi compañera de enfrente. Me esperan Joaquín y María Luisa que quieren que les explique lo que les dijo “el de digestivo” porque no les quedó muy claro si era mejor operarse. Además de tres pacientes con fiebre. Varias consultas telefónicas “para que me arregle lo de las medicinas”. Una infección de orina… Y qué se yo qué mas.

Cuando al fin consigo ganarle el pulso a la agenda aún quedan varias tareas administrativas. “¡Suerte que hoy no hay domicilios porque tenemos sesión clínica!” me digo a mí mismo. Hoy toca repasar la reanimación cardio-pulmonar que de manera magistral ha preparado un compañero del equipo.

Siete horas después, uno ya no sabría enumerar todas las tareas ni las interacciones realizadas. ¿Satisfecho? sí. ¿Inquieto? también… y ciertamente cansado.

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Médicos con Valor (Mónica Lalanda)

Así he celebrado el “Día De la Atención Primaria”. Desde el habitual lugar en el que me siento, escucho, pregunto, exploro y propongo. Preocupado por hacer lo mejor posible un trabajo que tiene tanto de arte como de ciencia. Orgulloso de poder ser testigo de tantos relatos vitales. Satisfecho por contribuir a ese estado de bienestar que llaman salud o a ese proceso de acompañamiento que llaman cuidado. Y me pregunto, ¿por qué no celebramos el Día de la Atención Primaria desde lo que tenemos y lo que disfrutamos?:

. Son los pacientes, sus historias y sus agradecimientos.

. Las escasas barreras que generan la cercanía y la accesibilidad para que lleguen hasta mí las preocupaciones y los desazones de las personas.

. El conocimiento de las familias y sus dinámicas a veces, perversas y muchas más veces ejemplo de sustento y cuidado.

. Poder acompañar en el tiempo: desde el que nace hasta el que se consume por la enfermedad o la vejez a las puertas de la muerte.

. La presencia en la comunidad, el barrio, la asociación de vecinos, los colegios, el centro cívico, las asociaciones, etc. para escuchar lo que se necesita y llevar lo que es propio nuestro y que mejora al conjunto.

. Es el privilegio de sentirse útil, sin duda.

Celebrar la habitualidad y la grandeza de la consulta es tarea de todos los días para poder conservar una Atención Primaria y una sanidad pública amenazada. Porque, no soy un ingenuo, celebrar desde lo que vivo no me impide tener claro todo lo que falta por conseguir (o por recuperar… ya que alguien nos lo robó) pero, eso será motivo de otra entrada.

¿DE QUE HABLAMOS LOS PROFESIONALES DE LA MEDICINA? (Maxi Gutiérrez)

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Es importante reunirse y encontrarse con otros que hacen el mismo trabajo que tu. En otros lugares y con otras personas pero, desde una disciplina similar y un cuerpo de conocimientos definido. Al final, es lo propio de los seres-humanos-gregarios que siempre nos vemos impulsados a convertirnos en seres sociales.

Ese es el gran valor, encontrarme con el otro, compartir y establecer o retomar vínculos que generan riqueza. Para eso me sirven a mí esos lugares a los que mis amigos se refieren con un cierto tono irónico como “ya te has ido a uno de esos congresos médicos”. Yo no busco “congresos médicos” al uso, busco lugares que me generen crecimiento profesional y humano. Busco encontrarme y compartir.
meeting-1015591_960_720Pero, ¿de qué hablamos los profesionales de la medicina cuando nos encontramos?, ¿qué nos preocupa?, ¿en torno a qué temas se estructuran nuestras conversaciones?… No, no hablamos de lo que en principio algunos esperarían. Al menos los profesionales de la medicina de familia no hablamos de diabetes, de hipertensión o de los últimos fármacos para el asma. O al menos, no sólo. O al menos, no yo.

Seguramente podría hacer un paralelismo del tipo de “dime de qué hablas con tus compañeros y te diré cómo eres como profesional”.

jornada_osatzen_marzo_2016Estos últimos días he participado en las jornadas de Osatzen  (Sociedad Vasca de Medicina de Familia) y he podido hablar de ciencia pero, en su más amplia diversidad.

Escuché atónito a Paco Etxeberria cómo nos relató su ocupación por devolver la memoria y la dignidad a las víctimas en un trabajo de investigación digno de admiración. Me emocionó cómo describió sus encuentros con los familiares porque encontré que en ellos ha habido mucho de sanación. Descubrí otra perspectiva de la medicina que mejora la vida de las personas y pensé que quizás también me hubiera gustado ser forense.

Participé en un taller sobre “Desprescripción” . Término aparentemente complejo que puede resumirse en revisar la medicación ante la acumulación de excesos médicos para mejorar la salud de las personas. Nos acompañó en esta tarea Joan Ramón Laporte que es uno de los catedráticos más normales que conozco. Por su escucha, sus conocimientos científicos, su capacidad de proponer y por su sentido común. Una delicia de encuentro.

Con un grupo de excelentes profesionales desarrollamos un taller sobre cómo comunicarnos con el mundo judicial en los casos de violencia de género. Nos ayudó Jose Miguel Fernández, abogado de la asociación Clara Campoamor. Compartimos inquietudes desde la justicia y la ética en cuándo y cómo utilizar el parte de lesiones como protección para las víctimas.

También dedicamos un tiempo a hablar sobre las condiciones en que trabajamos pero, con una peculiaridad: desde el lado de los más débiles “los médicos y sobre todo, médicas precarias”. Juan Simó nos ayudó a poner datos y reflexión al problema como sólo el sabe hacer. Patricia Escartín (Pati) le puso la parte sufriente desde su experiencia de precariedad. Emocionante ponerme en su piel, sin duda.

El final nos dejó un excelente sabor de boca mi amigo Iñaki Aguirrezabal en torno a la neuromagia. Alucinamos con la inmensa capacidad cerebral y experimentamos cómo se puede jugar con nuestras percepciones para incluso, encontrar algunas aplicaciones a nuestro trabajo en consulta. Terminando con una sonrisa.

Como no se puede estar en varios sitios a la vez, se que también otros profesionales han hablado sobre la presencia de la medicina de familia en la universidad, la emociones, la ecografía o la cirugía menor, la diversidad sexual, la fibromialgia, la voz de los pacientes o la exploración neuromuscular. Variedad donde las haya en unas jornadas donde todo se construye por la aportación de todos: sin industria farmacéutica, sin pago a ponentes y con un gran esfuerzo organizativo de una junta que pone mucho de esfuerzo y vida personal.

 

Así son los diálogos entre profesionales. Al menos, entre algunos profesionales que preferimos hablar de salud más que de enfermedad, de personas más que de órganos y de condicionantes bio-psico-sociales más que de causas orgánicas. Así son los encuentros que busco y en los que me encontraréis.

Reivindico este tipo de encuentros porque no todo (me) vale. Reivindico que nuestra empresa dé el valor que realmente tienen porque suponen riqueza para nuestro propio sistema. Y Reivindico espacios donde con libertad y ciencia podamos ir ampliando nuestro campo de visión.

Con una premisa aún por implementar: traer la voz de los y las pacientes para que nos sigan enseñando a ser mejores profesionales de la medicina a pie de calle.

 

Sólo quiero terminar con humor y reírnos juntos cuando nos califican de secta, de akelarres o de bedeles de la sanidad pública:

CONSULTAS “SAGRADAS” DESDE EL LADO DEL PACIENTE (Maxi Gutiérrez)

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Una vez leí que las personas se mueven en la vida por tres cosas: el amor, el hambre y la muerte.

Y me parece que tiene mucha razón. Nos mueve el amor y también el desamor, el recuerdo de lo que amamos y lo que deseando nunca fue; hay quien sólo se siente movido por el odio. En el hambre se escenifican las necesidades básicas mal cubiertas, la pobreza y la exclusión; la falta de lo fundamental. La muerte nos inquieta en su llegada pero, también en su deseo, en su miedo y en sus pérdidas dolorosas; los límites de la vida, su final y su inicio, generan grandes inquietudes.

De esto quiero escribir hoy, de las personas que vienen a la consulta a poner sobre la mesa cuestiones de alto valor emocional y a veces, lágrimas.

Me interesó cómo sería vivido eso como paciente y tuve el atrevimiento de preguntar a personas con las que creo haber tenido una “consulta sagrada”. Sobre cómo lo habían vivido, cómo lo evaluaban y cómo lo querían contar. Yo atrevido y ellos dispuestos. Me lo han relatado con sencillez y con sinceridad, desde la generosidad que produce el agradecimiento. Así he recogido sus enseñanzas y sus palabras textuales que van en cursiva.

Me he dado cuenta que las personas necesitan un síntoma orgánico, biológico o físico para poder venir a la consulta. Es lo que han aprendido que este sistema les pide como peaje. Lo que les hemos vendido, lo primero que preguntamos y deseamos: ¡¡¡el síntoma!!!. Quizás es lo que ellos mismos pueden permitirse para poder acudir. Porque venir con las miserias por delante es demasiado duro para ser aceptado. Necesitan el insomnio, el dolor o el mareo para poder reservar la cita.

Antes de llegar a la consulta hay mucha elaboración previa, mucha duda. Miedos y contextos que han sido muy rumiados. Porque hay cosas que no son fáciles de contar, porque no lo había contado antes, porque no hacía más que llorar o porque no sabía como iba a reaccionar mi médico. Por eso vienen protegidos -con la coraza– aunque saben que tienen que abrirse y buscan que nosotros se lo pongamos fácil.

Me han hecho consciente que la acogida es fundamental. Las personas buscan ser escuchadas, sentir confianza y notar que merecen nuestra atención. Sin burocracias ni juicios. Sentirse protegidas. Precisamente “lugar sagrado” también se define como sitio donde nada ni nadie puede dañarte. Y no todo tiene que ser dicho. Lo perciben con todos los sentidos: palabra, gesto, contacto y tono.

También reclaman su tiempo. El tiempo necesario. Sin prisas. Aún siendo muy conscientes de que es un bien escaso y limitado. Agradecen los espacios de silencio, cuando dice: callaba mientras yo lloraba. Tomemos nota y que parezca que el tiempo se para mientras gestionamos el tiempo que corre.

Sin prisas, las personas quieren vivir su propio proceso. Desean profesionales que se lo permitan. Quieren contar todo lo sucedido y sentido, compartir sentimientos -de soledad, de ideas autolíticas, de cosas inconfesables…-, sentirse comprendidos y aceptados sin juicios. Saben que esto no es trabajo de un día, quieren longitudinalidad. Y quieren recibir acogida incluso cuando saben que no han hecho bien. Sin broncas y con respeto.

Buscan un plan que puedan acordar y discutir con su profesional. Necesitan que les hagamos caer en la cuenta, necesitan compañía y consejo. A veces desean que tiremos de ellos y otras que respetemos su parálisis. En definitiva, esperan que hagamos arte. Ser ayudados para buscar apoyos aunque a veces sean tan cercanos y tan íntimos que teniéndolos al lado no se dan cuenta que existen: los psicoterapeutas de la vida diaria que me gusta llamarles. Y aceptan ser derivados a otros profesionales para encontrar la mejor ayuda posible. Eso supone aceptar nuestras propias limitaciones. Sabiendo que derivar no resta nada, sólo suma o multiplica cuando no es abandonarlo en el otro sino acompañarlo juntos.

Y quieren resultados que pueden ser sólo comprensión, alivio o liberación para vivir, hacer lo que quiero o salir del agujero. Necesitan tiempo para cambiar y recuperar lo fundamental: aprender lo importante de la vida. Si además, mi médico me llama cuando ve algo raro o siento que se preocupa por mí, eso deja en la relación una huella imborrable.

 

Y así lo han relatado:

 

Siempre me enseñan, me transforman, me modelan y hacen que mi práctica vaya cambiando. Ellos, los pacientes, y todos aquellos compañeros con los que comparto dudas e inquietudes (#siapBILBAO)

Por eso, quiero comprometerme a:

  • Seguir teniendo en cuenta la opinión de mis pacientes y mantener vivo el espíritu de aprender juntos.
  • Acercarme con el respeto debido para acompañar el proceso de cada uno, hasta dónde y cómo quiera.
  • Acoger y dedicar tiempo a aquellos que nunca consiguieron tener su consulta sagrada conmigo porque no se dieron las circunstancias o porque no se lo facilité.
  • Desarrollar herramientas para sistematizar y enseñar cómo facilitar la expresión de las emociones en el contexto de la consulta.
  • Explorar los espacios comunitarios como lugar privilegiado para gestionar las emociones donde la comunidad sane a sus propios miembros.
  • A seguir investigando y explorando estos terrenos de “lo sagrado”.

 

“No te acerques. Quítate las sandalias de los pies pues, el sitio que pisas es lugar sagrado” Éxodo 3,5

CONSULTAS “SAGRADAS” DESDE EL LADO DEL PROFESIONAL (Maxi Gutiérrez)

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Así entro yo cada mañana a mi consulta: todavía dormido -la noche me atrapa en estudio y reflexión noctámbula- pero, generalmente contento porque camino abierto a la sorpresa del encuentro. Y porque tengo la sensación de que cada día la consulta me enseña algo. Algo para la vida.

No tengo que subir escalones para llegar a la sala 10. Mi consulta esta “a pie de calle”, donde se filtra la vida sin pedir permiso. Allí se cuelan las preocupaciones, los desvelos, las alegrías y las desgracias. Sanitarias o no. En definitiva, las cosas importantes de la vida.

Así puedo retomar el término que inició Juan Gervas: LAS CONSULTAS SAGRADAS

IMG_4483Según dice Wikipedia, lo sagrado es “lo que atañe a lo fundamental”, “a los principios que fundan algo”, “a lo que se tiene mucho aprecio”.

Cambio mi atuendo y cambio mis zapatos quizás por comodidad, no sé. Ahora pienso que igual tiene que ver con que el lugar que piso es el “lugar cotidiano de lo sagrado a pie de calle”.

 

 

 

Todo depende del contexto.

Cuando alguna vez me ocurre que en las tres primeras consultas del día se producen tres enfrentamientos, paro, miro alrededor y pienso “va a ser que algo me pasa y quizás ellos no tienen nada que ver”. Y a veces lo encuentro. Son mis circunstancias personales que van conmigo a todas partes, aquellas de los que no puedo apearme.

El contexto de la prisa me mata. No puedo soportar cuando la sala de espera esta llena de personas con ocupaciones y tareas que aguantan pacientemente su turno. Y me debato entre el respeto que les debo y el necesario tiempo de atención que necesita cada uno. A veces, consigo recomponerme, centrarme en lo importante y buscar tiempo donde no existía. Otro arte.

Pretendo hacer una intervención justa dando más al que más necesita. Volcarme en el más discapacitado, en el más desvalido, en el más sufriente. Y a veces no es fácil saber quién es “el más” o ni siquiera quién es el sufriente y su grado de sufrimiento.

Los relatos vitales de las personas y sus consultas me conmueven. Me conmueven sobremanera. Puede ser por la forma en la que lo cuentan, por la empatía que me producen o por el desgarro que experimentan. Me alegro que me conmuevan, siempre digo que me hace sentir que estoy vivo porque estar vivo muchas veces es eso, sufrir con el otro.

Entonces vienen a mí todas las cuestiones aprendidas: lo que se espera de mí como profesional, como persona y específicamente como hombre. Abandero la distancia terapéutica como imprescindible para ser médico y absorbo las lágrimas de mis párpados inferiores para que ninguna de ellas salga por otros caminos visibles.

A veces no puedo y sé que, aunque lo disimulo, ellos ya se han dado cuenta de mi emoción contenida.

Aquí me descubro como “hombre-varón-masculino” en tránsito. En un largo proceso vivido en grupo he descubierto como el hecho de serlo marca mis emociones y sobre todo, la expresión de las mismas. Tímidamente voy avanzando en el camino de la capacitación emocional que un día me robaron. Así me descubro más humano y más persona.

Intento evitar la dependencia, el enganche profesional que impide a las personas volar por sí mismas. A medida que avanza el proceso busco fórmulas que me permitan distanciar las consultas y pasar a segundo plano. Por supuesto, dejando la puerta abierta a lo que hiciera falta. Retirarme es una buena evaluación de si el proceso ha sido reconstituyente.

Mirar y compartir con tantos compañeros y compañeras que se dejan la piel cada día en esto. Que dan tanto de sí mismos, restando a veces a su familia y a su vida personal… Y eso también me parece sagrado.

Por otra parte, ¡cuánto nos focalizamos en los que son los contrario!, ¡cuánto nos distorsionan y envenenan! Haré el propósito de poner en valor más a los primeros que a los segundos y seguiré viviendo con pasión mi profesión.

 

Después de haber reflexionado y compartido durante meses sobre las consultas sagradas en torno al #siapBILBAO quiero comprometerme a:

  • Saber recoger las necesidades de las personas que vienen a mi consulta, facilitar la expresión de sus emociones y saber esperar.
  • Aprender a manejar el arte de establecer una distancia empáticamente terapeútica
  • Gestionar el tiempo y los recursos para ofrecer lo mejor de mi mismo
  • Enseñar a los estudiantes y residentes lo sagrado de nuestra profesión
  • Facilitar espacios entre profesionales para hacer un ejercicio de introspección y diálogo que nos ayude a crecer en cuidar “lo sagrado” de nuestro trabajo.IMG_3806

ENSEÑAR MEDICINA Y APRENDER VOCACION (Maxi Gutiérrez)

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Cuando conozco a alguien que estudia medicina siempre tengo la misma frase que decirle “ven a pasar consulta unos días conmigo”. Acercarme al mundo de las consultas, los pacientes, los profesionales y las exploraciones fue lo que anhelé desde el primer día que pisé la facultad. Quizás por eso pienso que le gustará el ofrecimiento.

No tengo grandes objetivos docentes. O quizás sí. Sólo que te acerques con respeto, observes y pienses sobre lo que sientes. Que te dejes empapar por los 40 o más motivos de consulta que escucharas, que te conmuevas y que pongas a prueba tu empatía. Que con la ciencia en la mano te visualices como “artista de la sanación”. Que vivas unos días al ritmo de un médico de familia… Ni más ni menos.

Ainara es tan joven como yo lo fui en tercer curso de carrera. Saluda amable cuando le presento a mis pacientes. Apenas se atreve a tender la mano. Sonríe como sólo ella sabe hacerlo porque la conozco desde que era niña y sé que su sonrisa enamora. Su presencia es tan discreta y tan respetuosa que apenas la oigo respirar a mi lado. Empieza el día nerviosa y me doy cuenta como la consulta la zarandea y la relaja a la vez.

cuadernos-de-bitacora-8-10-11-foto-2Sabe que al final del día, en la intimidad del hogar y después de haber digerido la experiencia de su primea jornada frente a pacientes, tendrá que enviarme la bitácora del día. Una reseña, como quiera y hasta dónde quiera, de cómo la consulta ha pasado por ella.

Esta técnica me la enseñó Raúl, maestro y amigo de la enseñanza apasionada de la medicina de cabecera.

Recibo su texto y me enamoro de su experiencia.

Ainara me ha dado permiso para que lo comparta con vosotras y vosotros. No he cambiado ni una coma porque me parece inmenso:

“18/01/2016. Día 1

Definiría la mañana de hoy como intensa. Ha sido la primera vez que he tenido la oportunidad de estar en consulta y he tenido tantas sensaciones nuevas que no sé ni por dónde empezar.

Me ha sorprendido la variedad de personas y casos que se han ido presentando a lo largo de la mañana, lo difícil que me resultaba imaginar el posible diagnóstico y lo “fácil” que parecía que te resultaba a ti…

Pero me gustaría hablarte de las similitudes que he visto en cuanto a lo que he aprendido estos 3 años. La verdad es que cuando estás entre libros o en aburridas clases teóricas muchas veces no eres consciente de lo importante que será todo lo que estás estudiando para tu futura profesión. Y hoy me he dado cuenta de que realmente es más útil de lo que creemos.

Quería comentarte 4 cosas de las que siempre me han hablado en clase y que hoy he visto en ti:

1- “En general, hay que pensar siempre en lo menos grave”. Ha sido una frase que me has dicho y con la que estoy totalmente de acuerdo. Tendemos a ponernos en lo peor y debemos ir paso a paso, descartando siempre lo más leve, ya que suele ser también lo más común. Punto importante que quiero tener siempre en mente.

2-Fijarse en lo físico pero también tener en cuenta lo psicológico. No esperaba encontrar a tantas personas completamente sanas físicamente pero con depresión. Muchas veces los médicos nos centramos solo en la primera parte, pero me ha encantado la forma en la que te has tomado tu tiempo para escuchar y aconsejar a tus pacientes.

3- Relacionado con lo anterior: cercanía, saber escuchar y hacerte entender. Me llama la atención el paciente que va a hacerse un análisis de sangre en lo que él cree que es ayunas pero habiendo tomado un zumo de piña, las confusiones con los tratamientos, el abuso de ansiolíticos sin ser conscientes del peligro…y no me refiero solo a las personas mayores que son los que podrían tener más problemas de comprensión. Me refiero a todos, en general. Es increíble lo desinformados que estamos y la necesidad que tenemos de que un médico, con mucha paciencia, nos explique de una forma clara y sin tecnicismos qué nos pasa, qué debemos hacer y cómo debemos hacerlo.

4-Todo se va aprendiendo con la práctica. Lo poco que sé y lo mucho que me queda por aprender.”

osakidetza-300x199Primer día de lo que auguro serán muchas jornadas de una gran profesional. Porque si en un día es capaz de aprender esto, su crecimiento será infinito.

Ojalá que algún día la Universidad entienda la importancia de que los estudiantes pasen por las consultas de medicina de familia de forma reglada y desde muy pronto. A mi entender, se trata de aprender vocación cuando enseñamos medicina.