LA CONSULTA (Maxi Gutiérrez)

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Hoy sólo pondremos voz…

CUESTIÓN DE TIEMPO (Alberto Meléndez)

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No podían seguir así. El tiempo pasaba. En pleno siglo XXI…, ¿no se podía adelantar? La espera estaba siendo terrible. 7 meses, les habían dicho. Quizá 8. ¿Pero de verdad era necesario esperar tanto? Las piernas inflamadas, la tripa hinchada, esa cara… ¿De verdad es necesario sufrir tanto?

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Las miradas acusadoras se dirigían al médico. Sí, habían optado por quedarse en casa. Y sí, pretendían que la naturaleza marcara su curso. Pero trabajos esperando, la incertidumbre del “cuándo será”, las obras pendientes en la casa, la baja laboral… ¿Cómo era posible que no se pudiera elegir el momento, una vez que estaba todo decidido? ¿Dónde está la autonomía de la persona? ¿Seguimos como hace 300 años, a merced de la Naturaleza?

El médico bajaba la cabeza. Iniciaba frases que se quedaban en murmullos. No era la primera vez. No sería la última. “Esto antes no pasaba”, le decían sus compañeros veteranos. “Antes la gente aceptaba sin más. Sin embargo ahora…”.

Pero no. No podía ceder. Sabía que había formas. Había oído que había fármacos, otras estrategias… No. No sería él quien actuara de esa forma.

Unos días después nació un niño precioso. A su debido tiempo. Cuando tocaba.

LO QUE NO NOS CUENTAN (Maxi Gutiérrez)

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¡Qué agradecido estoy a tantos relatos vitales compartidos!.

Las personas que pasan por nuestras consultas dejan trazos de su vida escritos en el aire. Aire que respira su médico y que se lleva en la mochila para echar mano de ellos cuando el empinado camino de la vida lo exige. Es un privilegio y un aprendizaje sentirse reconfortado por lo que las personas comparten. Sólo con el ánimo de aliviarse, sin quizás saber lo que aportan al que está al otro lado de la mesa. Nos cuentan, nos cuentan, nos cuentan…

Pero, ¿qué pasa con aquello que no nos cuentan?. Aquellas historias que se quedaron en la elaboración del camino previo y en la sala de espera. Relatos que nunca consiguieron atravesar el umbral de la puerta. Historias frustradas, acalladas, vergonzantes o supuestamente insignificantes… Como dice la canción, historias que son como los besos que no damos  y que nunca sabremos a dónde fueron .

Manifiesto mi más profundo respeto por aquello que las personas no me quieren contar. Lo entiendo. Lo acepto. Aunque la intuición se empeñe en pelearse con la realidad y cueste admitir el silencio. Así es la entrevista, llena de silencios y llena de interpretaciones de lo que no se dice. Respeto, respeto por encima de todo.

Pero, también expreso mi más profundo dolor por aquellas historias que “no dejé” que me contaran. Historias ahogadas por las prisas, ocultadas por el cansancio o abortadas por las interrupciones donde lo urgente devora lo importante.

Es duro imaginar un error por no haber dicho aquella palabra. Es fuerte no haber puesto cara de complicidad para ofrecer el tiempo infinito de algo que mereció ser contado. Y sé que no sólo soy yo responsable pero… me resulta duro.

 

Todo esto me viene a la cabeza porque hace unos días mi amigo Raúl  (un médico de pueblo) me pidió que contara una de sus maravillosas historias en un foro sanitario de expertos en comunicación .

Le puse voz y sentimiento a una historia de silencios titulada “LA ENTREVISTA”. La podéis rescatar en su blog  o escucharla en el siguiente video.

Y alguien pensó que todo este trabajo merecía un premio… y así fue concedido.

Lo recibo con gratitud, sabiendo que el mayor premio es tener la oportunidad de reflexionar sobre las vidas que contadas o no, me ayudan a crecer como profesional y como persona.

Me siento privilegiado.

DÍA INTERNACIONAL DE LOS CUIDADOS PALIATIVOS. AQUÍ Y ALLÁ. (Alberto Meléndez)

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El próximo día 8 de octubre se celebra el Día Internacional de los Cuidados Paliativos. El lema de este año reivindica el acceso al tratamiento del dolor para todo el mundo (“Vivir y morir con dolor, algo que no debería suceder”).

No debería suceder. No en nuestro entorno más cercano. No en nuestro país. No en Europa. No en ninguna parte del mundo. Pero sucede. Aquí y allá.

Allá, por unos sistemas sanitarios empobrecidos, donde el acceso a los medicamentos es errático, donde la salud es un negocio de unos pocos, donde el tráfico y el abuso de sustancias impiden (o sirven de excusa) la comercialización normalizada de ciertos medicamentos esenciales.
Allá, por unos gobiernos manejados desde afuera (desde “aquí”), donde lo esencial en todos los aspectos de la vida está lejos de ser cotidiano.
Allá, en lugares donde la vida de un enfermo no vale nada, donde los esfuerzos han de dirigirse sólo a donde haya posibilidad de curar…
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Y aquí.
Sí, aquí. En pleno siglo XXI en esta sociedad de confort, de los grandes avances. Aquí. Aún se vive con dolor y se muere con dolor.
Con exceso de fármacos y déficits de sonrisas. Con mucho hospital y poca hospitalidad. Con muchos fonendos y pocas manos. Con muchas palabras y pocas verdades.
Aquí todavía los cuidados paliativos no son garantizados por un sistema sanitario que presume de puntero. Aquí se sigue distinguiendo entre lo “social” y lo “sanitario”, como si la persona sufriera por parcelas y la atención pudiera fraccionarse y ser “buena”. Se confunde dignidad con rapidez, sufrimiento con estorbo, calidad con registro, valor con precio,…
Pero aquí seguimos unos cuantos. Cada vez más. Peleando para hacer visible otra forma de atención. Para sacar a la luz el verdadero alivio de cientos y cientos de personas, cada día. En centros de salud, en hospitales, en residencias, en domicilios… Mostrando y demostrando que “cuando curar no es posible, siempre es posible cuidar”. Afrontando el dolor desde todas sus facetas, sin ignorar ninguna. Para apartar del proceso de final de vida todo aquello que lo hace innecesariamente doloroso; la soledad, el aislamiento, el engaño… Y además, algunos de nosotros mirando hacia “allá” con cariño y respeto. Intentando que lo que aquí sobra llegue a los que allá necesitan.
Es necesario recordar esto, aunque sea un día al año, aunque suene a lo mismo de siempre. Es necesario.
Para aquí y para allá.
Día internacional de los Cuidados Paliativos.
8 de octubre de 2016

SALUD DE PUERTAS ABIERTAS AL BARRIO (Maxi Gutiérrez)

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IMG_1548Un centro de salud lleno de niños en un barrio joven como en el que trabajo no es nada anormal. Desde antes de llegar a este mundo ya deambulan en los úteros de sus madres por los espacios sanitarios en lo que hemos convertido el “embarazo normal”. Y desde casi el día siguiente al alta hospitalaria, circulan en sus carritos mientras sus progenitores aprenden eso de ser padres y madres. Y les revisamos. Y les revisamos más.

Hoy no, hoy vienen al centro de salud en grupo. Del colegio al centro de salud. Acompañados por sus docentes y no por sus madres y padres. Vienen a primera hora, aún desperezándose y con la esperable algarabía que provoca la salida del centro escolar. Apenas una calle recorrida. Vienen con ojos y oídos atentos.

Les recibimos en la puerta diferentes profesionales para darles la bienvenida a lo que queremos sea el centro de salud de todos. A invitarles a encontrarse con un centro de salud diferente al que están acostumbrados a visitar. Conocer a las personas y el trabajo que desarrollamos.

Así vamos pasando por los diferentes lugares, conociendo lo que se hace allí y dejándose seducir por la tecnología sanitaria que extrae sangre, trata una lesión cutánea o atiende una emergencia sanitaria. Y los ojos se agrandan.

En las consultas de enfermería y de medicina tenemos tiempo para enseñarles cómo trascurren las cosas con ejemplos concretos. Y enseguida surgen las experiencias que tienen y cómo se sienten cuando acuden.

También hay tiempo para conocer las instalaciones que acondicionan nuestro edificio. Entre calderas, circuitos y tuberías también se genera la curiosidad y la sorpresa.

Por último, un tiempo para hablar y despejar dudas con los profesionales. Para aprender cómo solicitar cita, cómo buscar una atención urgente o cómo utilizar los recursos sanitarios de forma adecuada. También para saber cómo uno puede hacerse profesional de la enfermería, de la medicina o del área administrativa. Así poco a poco, vamos aclarando algunas cuestiones y preocupaciones que ellos nos expresan.

 

Nos despedimos con la sensación de que hemos avanzado en cercanía. Esa es la filosofía que está detrás de una experiencia así: abrir puertas para conocernos porque conocernos nos ayudará a entendernos y a valorarnos.

Porque si un centro de salud no está para establecer contactos y alianzas ¿cómo puede generar bienestar y salud a su alrededor?.

Si un centro de salud no se preocupa de explicar lo que hace y por qué lo hace ¿cómo conseguirá hacerse entender entre los suyos?.

En ello estamos, acercando espacios y personas conscientes de que la salud sobre todo se genera y se mantiene de puertas afuera del sistema sanitario.

SUFRIR ¿PARA QUÉ? Alberto Meléndez

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Sufrir tiene mala prensa. Y en nuestro trabajo se vive de una forma especial. A diario personas cuidadoras, familiares de enfermos en fase final de vida nos piden que acabemos con “el sufrimiento” de su familiar, que “qué sentido tiene verles así“. A veces de forma tímida, cuando la relación es más cercana y la confianza les da permiso para ello. Otras veces a bocajarro, casi antes del primer saludo, como algo que les hierve en la garganta y han de soltarlo de inmediato. Mientras ha habido una prueba pendiente, un tratamiento que quizá funcione, una cita de revisión, incluso un síntoma muy hiriente al que agarrarse… Cuando todo eso desaparece emerge la pregunta; “Y esto ahora, ¿para qué?”.

Algunas veces es evidente que el sufrimiento percibido en el enfermo es el propio (familiares, profesionales…). La contemplación de la muerte cercana, la ausencia de control, la incertidumbre… se vuelven intolerables en uno mismo. La única forma de evitar esta sensación es que finalice lo que la produce. La razón no alcanza a responder a la pregunta; “¿para qué?”. Y se invocan leyes futuras, países cercanos o lejanos, películas de éxito, mártires y verdugos. Y se pone en el enfermo un sufrimiento que no está en él sino en uno mismo.

Otras veces es Question-About-Suffering1el paciente quien manifiesta que ya no quiere seguir así. Que ya vale. Que no quiere ser testigo de su propio declive, que no quiere tener a sus seres queridos a merced de sus necesidades, cada vez mayores. Y se hace duro sostener la mirada. Y faltan palabras, razones. A mí me faltan. Mis creencias me valen. A mí. Así que sello mi compromiso con la persona; haré lo posible por mejorar el “así”… Y deseo de corazón que podamos conseguir todo el confort posible para que aparezca el sentido, para que se obre el milagro

No tengo la respuesta. Creí tenerla cuando empecé en esto, cuando había más teoría que práctica, más ideología que reflexión, más atención que compasión…  Pero a base de práctica, de reflexión, de compasión puedo decir con humildad que no sé qué sentido tiene en cada caso, pero dentro de mí aparece una certeza tenue (¿puede ser tenue una certeza?). SÉ que tiene sentido. Que algunas veces se nos hace visible y otras no. Que la posibilidad de cuidar y de ser cuidado abre espacios de autenticidad que no aparecerían de otra forma. Que es un misterio sobre el que las palabras valen más bien poco. Y que nuestra misión como profesionales de la salud es apartar todo el sufrimiento evitable para que las personas a las que atendemos puedan hacer su camino.

Leo y releo lo escrito. Me percibo absurdo en la explicación.

No pretendo convencer. Sólo poner mi experiencia y mi reflexión que creo honesta y desprovista de prejuicios. Evidentemente que en ella va mi historia, mis creencias… He sido testigo de cosas preciosas, experiencias maravillosas que no se hubiesen dado si alguien hubiera decidido intervenir en el proceso por evitar un sufrimiento que sin ser “bueno” a veces es sanador…

Con esa humildad lo cuento. Quizá no debería hacerlo, quizá no haya palabras… Yo a veces no las encuentro.

¿POR QUÉ NO CELEBRAMOS MAS LO QUE TENEMOS? (Maxi Gutiérrez) en el Día de la Atención Primaria

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IMG_4762Hoy la mañana se presenta tranquila. La agenda está despejada a primera hora pero, en este trabajo nunca se sabe cómo terminará el día. Un vistazo a los pacientes para reconocer algunos nombres y hacerme una idea de por dónde irán las cosas hoy.

La visita de las responsable del área administrativa suele ser habitual. Siempre atenta a todo lo que pasa en el centro, repasando las agendas y las ausencias, organizando las reclamaciones, pendiente de cada miembro del equipo. Sin ella sería imposible.

Repasar, reponer y colocar la consulta para que todo esté listo y que cada uno de los que entren por la puerta encuentren ayuda de forma ágil y eficaz.

IMG_4761La primera paciente del día tenía una cita concertada. Su infección respiratoria se ha complicado con afectación bronquial y precisa un tratamiento y un seguimiento más intensivo. La auscultación tiene que ser exhaustiva para poder determinar si la evolución está siendo satisfactoria aunque, la expresión de su cara lo dice todo y sonríe cuando le digo “Palmira ¡hoy sí que traes otra cara!”.

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Pasa Ana Rosa que no ha podido dormir en toda la noche por un dolor de oídos. Sin embargo, no ha tomado ningún tratamiento. Prefiere venir para que le diga lo que tiene… o lo que no tiene, quién sabe.

 

 

IMG_4764La tercera es Margarita que, exhausta lanza sobre mi mesa un papel con algunas manchas de grasa donde se leen hileras de cifras. “Ahí tienes las glucosas de la amatxo… que no hacemos carrera!”. Y seguimos ajustando las cifras de insulina mientras hablamos de la imposible dieta y de los disgustos y cansancios de la vida.

Y después entra Mikel que comienza hablando de la vasectomía y terminamos compartiendo las desesperaciones de un padre al que nunca le explicaron qué era aquello de convivir con un bebé.

Va pasando la mañana y el ordenador bien parece la pantalla vibrante del aeropuerto que anuncia las próximas salidas de vuelos; siempre interminables. Un sintrom ® desajustado viene de manos de la enfermera. Y apenas nos da tiempo a un pequeño descanso para reponer fueras y relajar esfínteres mientras la sala del café rebosa de bullicio por la última anécdota de mi compañera de enfrente. Me esperan Joaquín y María Luisa que quieren que les explique lo que les dijo “el de digestivo” porque no les quedó muy claro si era mejor operarse. Además de tres pacientes con fiebre. Varias consultas telefónicas “para que me arregle lo de las medicinas”. Una infección de orina… Y qué se yo qué mas.

Cuando al fin consigo ganarle el pulso a la agenda aún quedan varias tareas administrativas. “¡Suerte que hoy no hay domicilios porque tenemos sesión clínica!” me digo a mí mismo. Hoy toca repasar la reanimación cardio-pulmonar que de manera magistral ha preparado un compañero del equipo.

Siete horas después, uno ya no sabría enumerar todas las tareas ni las interacciones realizadas. ¿Satisfecho? sí. ¿Inquieto? también… y ciertamente cansado.

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Médicos con Valor (Mónica Lalanda)

Así he celebrado el “Día De la Atención Primaria”. Desde el habitual lugar en el que me siento, escucho, pregunto, exploro y propongo. Preocupado por hacer lo mejor posible un trabajo que tiene tanto de arte como de ciencia. Orgulloso de poder ser testigo de tantos relatos vitales. Satisfecho por contribuir a ese estado de bienestar que llaman salud o a ese proceso de acompañamiento que llaman cuidado. Y me pregunto, ¿por qué no celebramos el Día de la Atención Primaria desde lo que tenemos y lo que disfrutamos?:

. Son los pacientes, sus historias y sus agradecimientos.

. Las escasas barreras que generan la cercanía y la accesibilidad para que lleguen hasta mí las preocupaciones y los desazones de las personas.

. El conocimiento de las familias y sus dinámicas a veces, perversas y muchas más veces ejemplo de sustento y cuidado.

. Poder acompañar en el tiempo: desde el que nace hasta el que se consume por la enfermedad o la vejez a las puertas de la muerte.

. La presencia en la comunidad, el barrio, la asociación de vecinos, los colegios, el centro cívico, las asociaciones, etc. para escuchar lo que se necesita y llevar lo que es propio nuestro y que mejora al conjunto.

. Es el privilegio de sentirse útil, sin duda.

Celebrar la habitualidad y la grandeza de la consulta es tarea de todos los días para poder conservar una Atención Primaria y una sanidad pública amenazada. Porque, no soy un ingenuo, celebrar desde lo que vivo no me impide tener claro todo lo que falta por conseguir (o por recuperar… ya que alguien nos lo robó) pero, eso será motivo de otra entrada.